Enrique Escobedo
Cuenta la leyenda que el cacique potosino Gonzalo N. Santos acostumbraba a decirle a sus enemigos ¿qué prefieres destierro, encierro o entierro? De lo cual no me consta, pero no lo dudo. Lo que sí es un hecho es que esa receta no ha desaparecido totalmente de los Estados autoritarios y habrá que reconocer que democracias actuales como la norteamericana han recurrido a su aplicación. Tal vez recuerden el asesinato de Martin Luther King o el golpe de Estado a Salvador Allende en Chile, por citar ejemplos. Sin embargo, afortunadamente se recurre cada vez menos a esa terrible fórmula y, en lo general ahora se utiliza la de “cooptar, comprar o corromper” (la triple C) que consiste en el otorgamiento de becas, subsidios, regalías, embajadas y asesorías a quienes asumen una actitud crítica al gobierno. Léase, es la inclusión a la corte gubernamental de los adversarios políticos.
Una de las grandes aportaciones del cardenismo al sistema político mexicano fue la consigna “no matarás a tus enemigos políticos” y fue así como mediante la predica del ejemplo, el expresidente Plutarco Elías Calles fue desterrado de México, pero no murió violentamente. De ahí que – en efecto hubo algunas excepciones a la regla – pero gran parte del siglo XX en nuestro país se aplicó la consigna cardenista hasta el asesinato del candidato priista Luis Donaldo Colosio, con lo cual ese derramamiento de sangre abrió la puerta a más crímenes como fue el caso de José Francisco Ruiz Massieu y entonces fuimos testigos de que unos cuantos años después acabó la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional.
Cabe destacar que durante el sexenio de Miguel Alemán se inició la transición de las amenazas del aterrador Gonzalo N. Santos y, mediante la subsecretaría de Cultura y el Deporte adscrita a la Secretaría de Educación Pública que junto con la cancillería y los festejos del día de la Libertad de Prensa el sistema político fue fortaleciendo la Triple C.
Más aun, la administración de Carlos Salinas de Gortari, sensible al enfado de muchos intelectuales de izquierda debido a lo apretado de la elección y del fortalecimiento de la imagen del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, creó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), así como a Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) con lo cual sendas instituciones desempañaban un doble objetivo. Por un lado, realizar acciones propias de sus razones fundacionales y, por el otro, perfeccionar la fórmula de la Triple C.
El siglo XXI mexicano se inició con el panista Vicente Fox y, aunque su ignorancia acerca del sistema político era visible dadas sus torpezas, alguien le aconsejó que conservara dichas instituciones con lo cual creadores, artistas, intelectuales y deportistas estarían en la nómina gubernamental y difícilmente sería mordaces críticos a su administración. Pero se equivocó el panismo. La sociedad civil que en gran medida lo apoyó ya tenia patente de independencia y no estaba dispuesta a dejarse cooptar, comprar o corromper. Así que el segundo objetivo por el cual se crearon ambos consejos se fue desgastando. Incluso dejó de festejarse el día de la Libertad de Prensa instituido por Miguel Alemán.
En la desesperación de Enrique Peña Nieto por regresar a la Triple C, alguien le aconsejó convertir el Conaculta en la secretaría de Cultura y así allegarse de la simpatía de intelectuales, pero fue inútil, esa dependencia ya sólo realizó las atribuciones y funciones que le señalan las leyes.
Con la gestión de Andrés Manuel López Obrador la dependencias y entidades en materia de cultura y del deporte sólo realizan sus funciones. Pero ya no absorben a intelectuales, artistas, ni deportistas. Lo cual me da mucho gusto. Tal vez en esas nóminas se encuentren algunos personajes relevantes, mas ya es poco importante. Lo significativo es que en la corte de los milagros del presidente morenista y, ese es su dolor, no tiene aduladores de relevancia. Bien sabe que ya no puede regresar a la Triple C y cada día crecen los rumores de que se siente en el ambiente periodístico un tufo al regreso de la herencia santista.













