Rafael Lulet 

Después de una controvertida elección en el país de las barras y las estrellas, además de una candente transición, por fin, el veinte de enero se llevará a cabo la toma de protesta del presidente número 46, en medio de un ambiente de pandemia, desempleo y de incertidumbre financiera de una de las grandes potencias del mundo, no se contará con la presencia de Donald Trump, aunque haya considerado cambiar de opinión, después del impeachment por la toma del Capitolio muchos estadounidenses se encuentran enojados con él, incluyendo a los senadores, y no es para menos, un pueblo con una historia de luchas sociales así como vanguardista en muchas ocasiones en temas de derechos humanos fue presa del caos reproducido en muchas naciones del planeta, eso será una etapa más para medir su temple. 

Un cambio de aires para los Estados Unidos, dejándolos con un sabor agridulce ante el fenómeno del neopopulismo con el gobierno de Trump, deberán aún trabajar en el tema de la polarización social el cual tanto daño propició, pero pese a todo lo malo de su administración debemos reconocerle cosas positivas, en la parte económica antes del Covid, se sostuvo de manera favorable, la tasa de desempleo se mantuvo en equilibrio, en cuestión de seguridad también tuvo sus avances, por ende no todo fue perjudicial en su periodo a diferencia de México, donde de igual forma ganó el mismo estilo de política electoral, pero sin reflejarse los mismos logros gubernamentales, muchas diferencias en ese sentido, a dos años no existe ningún avance significativo con López Obrador, y eso ni antes ni durante de la pandemia, sencillamente decepcionante, nada que comparar de las dos figuras neopopulistas. 

Veremos si el gobierno de Joe Biden, retomará la parte positiva de Donald Trump, en el sentido de no intervenir en otros países, sin enfocar el impulso económico en las guerras como se ha visto en gestiones pasadas, porque como sea, su antecesor estuvo a punto de ser nominado al premio nobel de la paz por esa razón, por lo menos fue considerado, sin embargo con el asalto al Congreso del 6 de enero se le acusó de propiciarlo, dando pauta a un segundo juicio político y sepultando toda posibilidad; pese a lo anterior, se le debe reconocer la actitud pacificadora de su administración ante el mundo internacional, con excepción de la muerte del líder iraní Qasem Soleimani, causando una tensión en ambas naciones, culminando al final sin conflicto alguno. 

En el plano comercial, Biden deberá limar asperezas con China, luego de las confrontaciones llevadas a cabo con Trump, acercarse con Gran Bretaña para el cierre de negociaciones, mantener la relación sobre el mismo tema con la Unión Europea principalmente con Alemania con quien la administración pasada tuvo algunos roces diplomáticos y claro terminar de cerrar el Tratado de Libre Comercio sostenido entre los 3 países de América del Norte, tanto con Canadá con quien tuvo al final algunas inconformidades y con México con un presidente muy cercano a Donald Trump, sobre todo, continuar con la reactivación de la cadena de producción sin verse afectados por la pandemia, algo no considerado actualmente. 

La industria automotriz, así como el acero fueron dos rubros golpeados por el Covid-19 y Donald Trump, ocasionando inconformidades, algo que también deberá trabajar el gobierno de Biden, mientras en el tema del medio ambiente, el presidente electo se pronunció por el regreso de los Estados Unidos al acuerdo de París y de Kioto, después de su salida en el 2015, una fractura más hecha contra Europa, con esto, resarcirá esa fricción originada por la administración saliente. 

Es claro que Joe Biden tiene mucho trabajo por hacer, tanto dentro como hacia afuera, porque pese a los buenos resultados de Donald Trump, antes de la pandemia, ahora se encuentra con un país con una tasa de desempleo igual o peor en comparación a la crisis de 1929, reflejo de la depresión económica actual, sin mencionar de la polarización social arraigada por la administración neopopulista saliente, y para lograrlo, su plan pronunciado desde un inicio: es el de potencializar el empleo, las empresas nacionales así como ajustar la brecha salarial entre los diferentes grupos sociales.