Bernardo López
La idea de una criptomoneda es muy atractiva, pues daría una gran libertad financiera a todos, porque este tipo de herramientas no puede controlarse por gobierno o empresa, sin embargo, la fiebre por obtenerlos provoca que las personas acudan a otros instrumentos, similares, pero no iguales.
El bitcoin surgió en el 2008, en medio de la gran crisis que provocó el hundimiento del mercado inmobiliario de Estados Unidos y de varios países alrededor del mundo, pero el autor de esta gran idea es aún desconocido. Se dice que una persona conocida como Satoshi Nakamoto fue el creador, aunque nadie lo conoce o lo ha visto.
Una gran herramienta financiera sin un autor conocido nos hace desconfiar, pues esta criptomoneda podría tener un objetivo oculto entre el algoritmo que utiliza o de una manera más real: encausar a la mayor cantidad de personas a la trampa digital, a la que quieren llevar a la humanidad.
Esta criptomoneda contiene aires de libertad que pocos recursos financieros te pueden proporcionar, porque el precio del oro se encuentra manipulado por los mercados -aunque sigue siendo un gran artículo para la preservación de la riqueza-; otro aspecto que guarda el bitcoin es que parece ser un instrumento financiero que se encuentra fuera del sistema y también aporta la promesa de eliminar la necesidad de bancos.
El problema radica en que no cualquier persona puede acceder a comprar bitcoins, y si logras comprar algunos debes tener cierto nivel superior de conocimientos informáticos que una persona promedio, pues también debes cuidar tus contraseñas de tu billetera o wallet.
Entonces, como el bitcoin es inalcanzable, gobiernos e instituciones financieras, hasta redes sociales han intentado llevar a las personas al mundo digital de las finanzas, con la promesa de mejor control de los recursos. La trampa está en volver todo tu dinero a unos dígitos en el celular. Encajonarlos en una pantalla los hace prácticamente vulnerables a que sean incautados con facilidad. Bien dice el dicho: más vale pájaro en mano que un ciento volar; pues es mejor tener activos físicos, que puedas tocar, y no sólo números en una pantalla.
Un banco en México comenzó a obligar a sus clientes a registrar su cara para poder acceder a su cuenta desde el celular: primero te ofrece el servicio, pero si no lo aceptas inicia con acosos y advertencias para que aceptes registrar los datos biométricos de tu rostro. Este es un buen ejemplo de cómo pueden controlar a las personas que colocan todos sus huevos en una misma canasta.






