Enrique Escobedo

La expresión romana Panem et circenses, “al pueblo pan y circo” es, además de cínica, debido a que es verdadera, directa y sin tapujos, enuncia un uso peyorativo que describe la práctica de un gobierno con el propósito de mantener tranquila a la población y ocultar, en lo posible, la realidad.  Es una fórmula vigente hasta nuestros días debido a que sigue siendo eficaz. No importa si el gobierno es republicano, monárquico absolutista o constitucional, democrático, dictatorial, de izquierda o de derecha.

No puede faltar el pan, pero pueden disminuir las actividades circenses. Estas son, en efecto, las deportivas y los espectáculos. Yo agregaría en el rubro del circo a las conferencias mañaneras, pues, aunque no influyen en la realidad como quisiera el primer mandatario, si logran el objetivo de yuxtaponer los velos y tendemos a comentar o criticar sus declaraciones.

El meollo principal es el pan, ya que el alimento, lo sabemos todos, además de ser una necesidad vital humana, es un componente que encontramos en muchos movimientos sociales. Recuérdese la expresión falsamente atribuida a María Antonieta, esposa del rey francés Luis XVI, que repetían los revolucionarios a fin de enardecer a las masas “si el pueblo quiere pan y no hay, que les den pasteles”. Con lo cual queda claro que los gobiernos saben que el orden de los factores si puede alterar el producto. El alimento no debe faltar en las mesas de los hogares, aunque no haya fútbol, béisbol o espectáculos circenses.

Aún más, se nota el esfuerzo gubernamental por evitar el desabasto de los alimentos básicos y también se aprecia su lucha eficaz en contra de la especulación. Eso se debe también al esfuerzo de los productores y la responsabilidad social del sector privado, no obstante que siguen siendo vilipendiados por el gobierno.  

De ahí mi tesis de que las conferencias mañaneras tienen, entre otros fines, el famoso circo. Sobre todo, porque las crisis sanitario-asistencial y económica son muy graves y apenas el fútbol nacional está empezando a calentar el ambiente, aunque sea con estadios vacíos. El mundo de las estrellas del cine y la televisión está encerrado en sus casas y, por lo mismo, no hay comentarios o escándalos mediáticos. Si acaso algunos intelectuales han abierto un debate muy importante respecto a importancia de los contrapesos políticos y cuestionan el excesivo centralismo presidencial, pero cae en el ámbito de las mañaneras.

Por su parte la sociedad, no obstante que sabemos y conocemos la fórmula, hacemos poco por negarle validez. Es más, nos conviene en lo general y la aceptamos sin grandes y serios cuestionamientos. Sobre todo, porque los problemas existenciales están confinados, al igual que nosotros en estos momentos, a sobrevivir y esperar tiempos mejores.   

El presidente López Obrador es un político experimentado y sabe acerca de la importancia de dicha fórmula. Su capacidad histriónica la demuestra todos los días cuando sonríe amablemente o lo hace de manera sardónica o expone enojo o malestar. Es un hábil político con mucho camino andado y, por si fuera poco, es un hombre pragmático que en muchas ocasiones nos enseña que en política el fin justifica los medios. Principalmente ahora que necesita de grandes espectáculos circenses y distraernos de su objetivo central que es mantenerse y expandir su poder.

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