Bernardo López
Tláloc es el dios mexica de la lluvia y del relámpago, conocido por su facultad para dominar el agua y proveer el también llamado «licor de la tierra» que contribuía al crecimiento de los cultivos de maíz; la hipótesis es que se le invoca para dar gracias por su intervención cuando las cosechas eran abundantes en aquellas temporadas donde la sequía amenazaba con asolar a los campos.
Para los mexicas esta deidad era el rey de los fenómenos atmosféricos y el espíritu de las montañas, así que su poder era digno de grandes honores y sacrificios, pues la comunidad dependía del buen desempeño de estos para la prosperidad de su agricultura.
Se dice que Tláloc es el esposo de la diosa Chalchiuhtlicue, quien es reconocida como diosa del agua y del amor, la belleza y las aguas de ríos, lagos, tormentas, mares, protectora de los navegantes y patrona del bautismo. Tláloc y Chalchiuhtlicue concibieron muchos hijos a quienes se les llamaba tlalocas, que son las nubes del cielo, se relata en un texto publicado por el Instituto Mexicano de la Tecnología del Agua.
El arqueólogo Leonardo López Luján, experto en el tema, ha relatado en varias revistas especializadas, que en nueve, de los dieciocho meses, que componían el calendario agrícola de los mexicas, se realizaban ceremonias que pretendían propiciar la lluvia y la fertilidad. Las plegarias iban dirigidas principalmente a Tláloc, dios de la lluvia y personificación de la tierra, al que se le conocía como “El Dador”, pues brindaba todo lo necesario para la germinación de plantas.
El científico también habla de una gran sequía que golpeó en el siglo XV, que provocó la muerte de muchas personas. Tal era la importancia de esta deidad que en el Templo Mayor residían Huitzilopochtli y Tláloc, los dos máximos protectores del pueblo mexica. La mitad de esta edificación estaba dedicada al mundo acuático.
Cómo nos hace falta tener un santuario del tamaño que tenían los mexicas para comprender la necesidad de cuidar los recursos hídricos y no padecer una ausencia de agua en el país, aunque también urge una cultura de la escasez para introducir en nuestras costumbres la reutilización y el reciclamiento del agua.
En las últimas semanas se han visto muchas manifestaciones en el Valle de México por la ausencia del suministro del agua, esperemos que Tláloc nos auxilie y nos bañe con su jarrón azul e irrigue los Estados que componen al Cutzamala y todos los sistemas hídricos del país.














