Enrique Escobedo 

La agenda del cuarto trimestre de este año estará cargada de muchas expectativas. Por un lado, los estrategas del gobierno por cada sector de la Administración pública deberán evaluar y confrontar lo alcanzado contra lo planeado, a fin de definir ajustes y controles, pues es el momento de perfilar la consolidación de sus programas y, a la vez, serán pocos los nuevos proyectos que esta gestión iniciará si los desea terminar a fines de 2024. En otras palabras, a partir del año 2022 los propósitos de la transformación deseada deberán cimentarse. Queda claro se reforzarán los programas sociales con la intención de que Morena alcance la suficiente empatía popular y pueda volver a ganar la elección de 2024. Aún más, simultáneamente, será el inicio, si acaso, de la transición de movimiento social de una sola persona a la creación de un partido político. 

Por lo anterior, se perfilan al menos, tres agendas en el escenario nacional. La primera es la del poder Ejecutivo que tiene ante sí cinco frentes prioritarios: salud; economía; empleo; seguridad pública y, educación. Más los asuntos rutinarios del gobierno, crecidamente de una serie de asuntos abiertos que parecen personales del presidente de la República con ciertos sectores de la prensa, con intelectuales, con empresarios, con algunas iglesias, con asociaciones de padres de familia y con feministas por citar algunos ejemplos. Es una agenda compleja ya que tiene que legalizar muchas de sus intenciones y realinear a la Administración Pública Federal con el objetivo de fortalecer su proyecto. De ahí su urgencia por que se aprueben las reformas constitucionales. Por lo que respecta a la política exterior, en lo general, será de bajo perfil. En cambio, su idea de política interior será continuar con la centralización de atribuciones que me recuerdan al omnímodo presidencialismo. 

La segunda agenda es la del poder Legislativo que ya está inmersa en un escenario de negociaciones, cobros y pagos de facturas y compromisos a futuro con el propósito de reforzar la sucesión presidencial y la permanencia de Morena en el poder. No es una agenda de fácil construcción debido a que afortunadamente el pluripartidismo salió fortalecido con respecto al trienio legislativo anterior. Los partidos políticos de oposición tienen la oportunidad de incidir en la agenda parlamentaria, acotar la construcción de la maquina aplanadora del partido Morena y enriquecer las iniciativas legislativas en favor de la nación. 

La tercera agenda es la social, esa que es una mixtura heterogénea y amorfa de demandas y necesidades que también incide en la agenda gubernamental. La sociedad está en permanente en conflicto de intereses, los movimientos sociales, las movilizaciones campesinas, feministas, urbanas y de derechos humanos, por citar algunos ejemplos, están presentes y, aunque son tildados desde el Palacio Nacional de conservadores, no dejan de tener razón, pues se trata de causas justas, necesarias e impostergables. Es una agenda poco analizada y hoy son claras las intenciones gubernamentales de esconderlas y menospreciarlas.   

Las tres agendas están en el momento preciso de ordenarse, priorizarse y proyectarse en este último cuatrimestre. En octubre o noviembre de 2023 el barajeo de los nombres de los personajes que serán posibles aspirantes a presidir el país marcará el principio del fin de la actual gestión. Consecuentemente estamos hablando de dos años en los cuales se verán las estrategias que se formulen en este último cuatrimestre de 2021. Las habilidades políticas, técnicas y destrezas del equipo presidencial están en una de sus pruebas más difíciles porque deberán articular en lo posible las tres agendas y, entre algunas de sus tareas, está la de convencer a su jefe de seguir un plan de acción y no quemar pólvora en infiernitos. 

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