Bernardo López

Dejar a los niños a merced de la inteligencia artificial es igual a delegar el cuidado de los infantes a personas extrañas, que eduquen a los menores sin que tengan la posibilidad de discutir o discriminar la información.

Los padres al ceder la potestad de educar a sus hijos, para que sea una máquina la encargada, condena a los niños a información sesgada de la realidad, pues las inteligencias artificiales se encuentran viciadas de origen por las posiciones políticas de las empresas que las programan.

Otra manera en que son afectados los niños es en el desarrollo y comprensión del entorno, como dio a conocer la Policía Cibernética de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la Cuidad de México.

La institución explicó que las aplicaciones de inteligencia artificial recopilan datos para generar contenido y no están diseñadas para su uso por adolescentes y niños, lo que acrecienta el riesgo de que les presenten información falsa.

En la infancia y adolescencia, los individuos no son plenamente capaces de discernir entre un contenido real de otro que no cuente con fuentes sólidas de argumentación. Además pueden llegar a compartir datos personales, como nombres, ubicaciones y gustos, que es usada con fines publicitarios.

«El uso sin supervisión de Gemini puede generar una dependencia tecnológica o emocional, la capacidad del modelo para responder con lenguaje natural puede hacer que los menores formen una relación de confianza excesiva con la herramienta, usándola para resolver dudas emocionales o personales», detalló la corporación.

Se corre un peligro innecesario. Pues «Esto podría reemplazar el acompañamiento de adultos, profesionales o educadores, y reforzar el aislamiento o la desinformación», como lo señaló la SSC.

Otra arista del problema es la coacción que se ejerce en las personas para obligarlas a utilizar la inteligencia artificial en sus centros de trabajo, a pesar de que no son herramientas que sirvan para todas las actividades humanas.

Es posible que estas aplicaciones puedan crear modelos, hacer cálculos, apoyar en la logística de ciudades, como el tránsito vehicular, tareas que requieren procesos lógicos y aritméticos, pero no deben ser la intermediación de las relaciones humanas. 

Es preferible que una persona te atienda en un restaurante, que pedirle a un robot que te sirva los alimentos, pues en el primer caso se puede entablar una charla amena, lo que no sucedería con una máquina. Además de salvaguardar los miles o millones de trabajos que requieren las personas para subsistir.