A Ivette Estrada

La felicidad está integrada por sólo dos compontes: el amor y el trabajo. Ambos le dan sentido a la vida y permiten vislumbrar plenitud y armonía. Son los factores que nos humanizan y al unísono nos convierten en dioses, héroes o estrellas.

Mientras el amor nos confiere un lugar en el universo y nos deja la percepción más benigna de lo que somos, el trabajo nos dota del poder de transformar y realizar.

Es verdad que no existe una receta para lograr la felicidad, la piedra filosofal en la era del conocimiento. Sin embargo, es posible que aún con nuestras diferencias en las concepciones y expectativas de cada uno de nosotros, logremos trazar un mapa genérico y siempre perfectible para arribar a ser felices. El punto de partida es el aquí y ahora.

El papel del amor

Aunque muchos teóricos encuentran muchos tipos de amor, todos ellos, el de pareja, paternal universal y otros tienen un componente imprescindible: te permiten mirarte bajo una luz de aceptación plena e incondicional. El amor que cura, sacraliza y redime es o debe ser una verdad.

Así, deben buscarse relaciones positivas. La interacción con personas que nos permitan creer en nosotros mismos y en las maravillas que tiene la vida, los que nos remiten a la belleza, plenitud y comprensión, las que generan la versión más resplandeciente de lo que somos, las que reconocen nuestro inmenso potencial y dones. Para ser felices debemos relacionarnos con aquellos que les gusta nuestra esencia. Los que nos permiten ser felices.

Esto implica cerrar la puerta a los controladores, reyes del drama o seres crueles. No importa si entre ellos existe un miembro de la familia o alguien importante para nosotros. Cualquiera que no nos aporte felicidad debemos sacarlo de nuestra vida. Nadie es más importante que nuestra auto estima.

Así, quien nos hace dudar de nuestros dones y habilidades, quien condiciona su apoyo o trata de manipular no es digno de estar en nuestra vida. No es parte de nuestro amor, no debe serlo.

Amor sin estereotipos es auto reconocimiento, paz ¡y felicidad!

Siempre sabrás que entablas relaciones correctas si estás con personas que te hacen sentir bien.

Oficios preciosos

Por otra parte ¿cuál es el trabajo ideal? Es aquel oficio que te permite ser feliz. Esto va más allá del sueldo o posición que ostentes, las condiciones laborales, prestaciones o insumos empleados para laborar o la infraestructura del lugar de trabajo.Va más allá del sentido del poder. Es un acto inmutable de realización.

El trabajo ideal es aquel que te gusta hacer. No por lo que te paguen o el prestigio social que obtengas de él. Es un sentido de auto realización y aportación, es saber que tus capacidades y dones son para una causa que amas.

Aunque no lo creas, los mejores trabajos no sólo son aquellos que te permiten emplear tus capacidades y destrezas, sino en los que existen constantes retos que tú puedes sortear. Son los que presentan desafíos.

El empoderamiento es un factor esencial para que alguien ame su trabajo. La capacidad de decidir sobre el proceso que realizas se convierte en un componente esencial para la propia valoración de lo que generas.

Sin embargo, no hay estandarizaciones sobre ello. Cada uno, de acuerdo a su propio marco referencial y habilidades, puede construir un trabajo “hecho a la medida”. ¡La brújula para detectarlo? Es el grado de felicidad que otorga.

El éxito, en este tiempo, no es mesurable. En vano está el ligarlo a las remuneraciones, bonos o premios. Se trata de factores intangibles y a veces inexplicables que permiten que una persona se sienta realizada y plena.

Cuando ames hazlo sin restricciones. Cuando trabajes sé consciente de que es un regalo de la vida.

Si. Amor y trabajo generan la felicidad. En ambos, sin embargo, no deben existir estereotipos. Deben hallarse las características que cada uno anhela desde la propia serenidad.

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