Miguel Ángel López Farías
Fue como la fiesta de quince años para la Guardia Nacional, desfile, chambelanes, pastel y una montaña de razones para que veamos a la institución con buenos ojos.
Tanto el desfile del 16 y sus oradores tejieron un suéter para abrigar a la GN.
Una operación política inexplicable, que presiona para que «compremos» un producto que hemos visto, pero que no sabemos si funciona.
Existe un terrible fallo en la estrategia de Andrés Manuel López Obrador y la culpa no es de la Guardia Nacional, ni del Ejército, ni de la Marina, el meteorito que se estrella y pone en crisis a todo, tiene que ver con la forma en que el presidente «masticó» el problema de la inseguridad, y comienza por querer NO parecerse a sus antecesores Calderón y Peña Nieto, solo que en los vapores de su búsqueda se fue por el camino de no hacer nada, como si el solo hecho de dejar que los carteles se depurarán así mismos a punta de balazos o algo más bizarro, por un milagro, y todos los criminales dejarían de serlo tal y como se nos vendió en el principio del sexenio.
La Guardia Nacional es un brazo poderoso del Estado, poco menos que el Ejército y Marina, son casi similares en organización y equipo, las grietas por dónde se han fugado sus resultados, tienen que ver con decisiones políticas… pero igual ha ocurrido con el Ejército y Marina, super estructuras de seguridad, con altos niveles de aprobación y que gozan del respeto y admiración de todos y todas las mexicanas, pero que fueron secuestradas por una marea de ocurrencias conduciéndolos a ser una especie de «multichambas» lo que precarizo su blindaje.
Las y los elementos de la guardia nacional, ahora oficialmente del Ejército, no son los culpables de que México sea una laguna de sangre, tampoco lo son las y los buenos soldados de nuestros Ejército mexicano, la historia los absolverá de lo que los civiles no pudieron resolver, los elementos castrenses no son los culpables de la corrupción de los políticos ni que el Estado de Derecho sea una meretriz de uso corriente.
Solo que ahora se asoma el lado cortante de la navaja, el cambio de una estrategia que comienza a pasar de los abrazos a el de una recomposición de las tropas en México, aquí sí, con vectores que implican el uso de la fuerza y la capacidad militar para recuperar los territorios que fueron concedidos a los criminales.
Muy tarde, pero el presidente acepta (o le hicieron aceptar) que los históricos niveles de violencia nunca serían combatidos con una actitud alcahueta, sino con salidas efectivas, por ello es que en el tablero se están viendo los movimientos de un mandatario urgido por atinarle a una sola.
El empleo del uso de la fuerza por parte del gobierno federal traerá consigo una respuesta de los carteles, serán días de más muertos y de violencia en todo el país,
La gran pregunta es: ¿Le alcanzaran los poco menos de dos años a el mandatario para acabar con los criminales?















