Enrique Escobedo
He de insistir, aunque ya son miles los artículos, muchos de ellos magníficos, que analizan y proponen formas de debatir entre los candidatos a puestos de elección popular. Es un tema que se debate en el mundo democrático, pues las encuestas de opinión nos indican que aproximadamente el 65 por ciento de los ciudadanos que observan los debates ya tiene definido por quien van a votar y aseguran a los encuestadores que no piensan cambiar de opinión. Luego entonces los debates se debieran dirigir al restante 35 por ciento de indecisos. Pero ese grupo no ve los debates y, aunque no lo dice abiertamente, no piensa sufragar. En otras palabras, ese 35 por ciento es el equivalente al mismo número de abstenciones.
Por lo anterior, los debates son un despliegue de propuestas que, en lo general, tienden a ser interesantes, pues el propósito es convencer a la ciudadanía de que ese candidato y su partido es la mejor opción. También son foro de ataques que, sea dicho sin respeto, son grotescos y de pena ajena. Con lo cual, la yuxtaposición de propuestas y ataques se convierte, a la larga, en un engrudo hecho por bufones.
Debatir entre oponentes y mostrar proyectos de gobierno es plausible. El problema es que muchas de las propuestas son irrealizables, pues la economía y los recursos de una nación son limitados. Que una persona aspire a conquistar un puesto de elección popular y para eso necesita contender civilizadamente contra otra es una característica de la democracia. Léase, cada uno de los aspirantes ha de desplegar su plan de trabajo y expresar sus ideas al amparo, al menos, de dos planos: qué y cómo. Sin embargo, sólo explican el qué bajo el pretexto de falta de tiempo y de que no desean entrar en tecnicismos. Lo cual puede ser cierto, pero también es reflejo de falta de argumentación conceptual y del poco conocimiento acerca del cargo al que aspiran. Así tenemos a candidatos al poder legislativo que ofrecen realizar obras, bienes y servicios propios del poder ejecutivo y también vemos y escuchamos propuestas de candidatos al poder ejecutivo que a todas luces demuestran su ignorancia en materia de Administración pública, pues proponen crear órganos que ya existen o que ya demostraron su inviabilidad técnica y económica.
Debatir para convencer es la razón de ser de los encuentros entre de candidatos, pero lo que hemos visto hasta el momento es una retahíla de acusaciones sin pruebas, el ofrecimiento de las perlas de la virgen, el desaseo en las formas, la incongruencia entre medios y fines y las tautológicas promesas de alcanzar una plena calidad de vida. Lo que impera es la mentira y las falsas promesas con tal de ganar.
Convencer para vencer era uno de los lemas de la campaña presidencial de José López Portillo. Se trataba de hacernos ver a la ciudadanía que, aunque no había contendiente en ese entonces, lo fundamental era el análisis crítico de los ofrecimientos y consecuentemente acudir a las urnas. Ahora pareciera que las y los candidatos nos quieren convencer mediante la mercadotecnia política de que lo importante es enlodar a los contrincantes y que sufraguemos por el menos corrupto, la mejor peinada o quien lusca la mejor sonrisa.
Debatir ideas posibles y deseables mediante la confrontación de proyectos, así como convencer a los indecisos con el fin de que voten es lo medular de los encuentros entre rivales políticos. De eso se trata la campaña política. Ojalá que los debates tengan más reglas de operación. No se trata de coartar la libertad de expresión sino de exigirles a los contendientes que si tiene pruebas de corrupción acudan a la fiscalía correspondiente y no acusen sin pruebas en los debates. También sugiero que el INE impida que los candidatos a puestos del poder legislativo propongan proyectos propios de las funciones del poder ejecutivo, así evitaríamos demagogia electoral. Finalmente propongo que en los debates se les exija a los contendientes que al menos señalen sin tecnicismos cómo piensan ejecutar las obras y servicios que nos ofrecen. Se trata de unas sugerencias. Me queda claro que a estas alturas de las campañas nadie modificará las reglas de operación. Pero podemos empezar a fijarlas para las próximas campañas.













