Enrique Escobedo

En lo que va del siglo nuestros presidentes han demostrado, en lo general, su ignorancia acerca de la Administración Pública Federal centralizada y paraestatal. En efecto, tuvieron que pasar por la curva de aprendizaje y a la sociedad nos ha costado muy caro su noviciado. Veamos. La primera vez que Vicente Fox ocupó una plaza federal fue la de presidente de la República y en los hechos era tal su desconfianza hacia las instituciones del aparato administrativo que creó una estructura paralela que por absurda poco a poco fue desapareciendo.

Ignoraba que hace cada secretaría de Estado y se le notó su falta de precia en la conducción del país. Posteriormente Felipe Calderón, en efecto, ocupó durante unos meses la cartera de Energía en la gestión de Fox Quesada. Luego su siguiente plaza también fue la de la presidencia y también demostró desconocer los embalajes y estructuras de la Administración pública. Más aun, en su primer año de gobierno no modificó la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal y quiso hacer las adecuaciones a su proyecto de gobierno a mitad del sexenio, pero no lo logró.

Posteriormente, Enrique Peña Nieto nunca en su vida trabajó en el gobierno federal y un día confesó que en sus primeros meses de gestión pensaba que gobernar a nuestro país era semejante a gobernar el Estado de México. El actual presidente, López Obrador, es cierto, tuvo algunos cargos menores en el Instituto Nacional Indigenista durante la administración del López Portillo, pero tampoco recorrió el escalafón burocrático y de ahí su ignorancia y menosprecio a las instituciones del país.

Próximamente México estará conducido por Xóchitl Gálvez o Claudia Sheinbaum. Dos mujeres de carrera técnica que tampoco han ocupado cargos en el aparato burocrático centralizado. No han manifestado haber tomado algún curso o diplomado sobre Administración pública, por lo que volveremos a ver improvisaciones, pifias y errores de novatas.

No quiero decir que durante la hegemonía priista nuestros presidentes fueron intachables, pero sabían acerca del comportamiento burocrático, de los andamiajes y recovecos de la Administración Pública federal centralizada y paraestatal. Recorrieron el escalafón y fueron conociendo gente que los podría apoyar en sus respectivos gabinetes. En otras palabras, no se trataba de un servicio profesional de carrera, pero no se llegaba a la titularidad de del Poder Ejecutivo Federal sin conocimientos, experiencia y sin equipo político-administrativo.

No tengo nostalgia por esos gobiernos, pero si por la formación de cuadros que se fraguaban en los ámbitos federal, estatales y municipales. La lucha por crecer y formar equipos, así como el esfuerzo por permanecer y sostenerse era de alguna manera meritocrático e incluso en muchos casos era clara la vocación, pasión y emoción por el servicio público.

Dentro de un par de años habremos transitado una cuarta parte del siglo XXI y seguiremos teniendo gobiernos improvisados, equipos sin experiencia en el sector público federal y pagando caro las curvas de aprendizaje. No hay remedio, cualquiera de las dos señoras hará sin duda su mejor esfuerzo y eso es plausible, pero su ignorancia y falta de experiencia en materia de Administración pública federal centralizada será un lastre que inevitablemente ahí estará. Por lo menos los dos primeros años.

La consigna porfirista “menos política y más administración” tenía cierto sentido tendencioso, pues se refería a que él se dedicaría a la política y sus colaboradores a administrar. Algo semejante a lo que ocurre con la actual gestión. De ahí que me pregunto qué hará la ganadora cuando asuma la responsabilidad de dirigir al país. Ojalá se rodee de un buen equipo de trabajo y sobre todo que comprendan que llevamos en todo lo que va de este siglo malas y mediocres administraciones públicas.