Enrique Escobedo
El gobierno de la República decidió que este 2022 sea el año de “Ricardo Flores Magón, precursor de la Revolución Mexicana” a cien años de su muerte. Lo cual aplaudo. Oaxaqueño íntegro quien junto con sus hermanos Jesús y Enrique fundaron el Movimiento Magonista, pues crearon los periódicos “Regeneración” y “El hijo del ahuizote”, en el que colaboró José Guadalupe Posada y organizaron el Partido Liberal Mexicano (PLM). Ricardo era el líder y no se unió al Plan de San Luis de Francisco Madero por considerar que carecía de sustento social.
El PLM logró influir en comunidades campesinas en algunos estados del norte de México, ya que su movimiento anarco-comunista proponía revivir la tradición comunitaria de los ejidos. De ahí que al estallido de la Revolución en 1910 se mostró adverso a Villa y simpatizante de Zapata. Lo cual no es de sorprender, pues las ideas del anarquismo que primero llegaron a México fueron las de convivir en comunidades en las cuales no hubiese amo o patrón ante el cual prosternarse. Los artículos de Ricardo Flores Magón son estupendos ejemplos de sus ideas en torno al trabajo comunitario y la fraternidad humana. Es decir, deseaba la ausencia del gobierno, específicamente de la dictadura de Porfirio Díaz. Otro ejemplo de ese anarquismo responsable y un poco ingenuo lo encontramos en la Ley Municipal que promulgó el Caudillo del Sur. Es decir su ideal político era en gran medida que el ser humano es bueno y de espíritu noble.
Sin embargo, hay que precisar cuanto antes que en la filosofía política la idea del anarquismo es de las más complejas e incluso contradictorias. Ya que van desde las ideas teóricas en cuanto a la naturaleza bondadosa del hombre y la organización cooperativa y desinteresada de las sociedades primitivas, como lo expuso Juan Jacobo Rousseau hasta las que hablan de destrucción del radical Miguel Bakunin. En otras palabras, el anarquismo es una idea libertaria que propone la armonía entre los seres humanos y la plena libertad. De ahí que cada pensador anarquista acaba por enfrentarse a quienes proponen el orden social estructurado sustentado en leyes.
Muy difícilmente las ideas de las comunas anarquistas han sobrevivido debido a la tendencia humana por el poder, el orden y la jerarquía. Aún más, desde el año 2006 más de la mitad de la población mundial ya es urbana, con lo cual nos alejamos de las posibilidades anarquistas de fraternidad comunal. De ahí que los movimientos anarquistas focalizados en las grandes ciudades se ejemplifican, entre otros, en los grupos llamados “Okupa” que son micro células de personas radicales e insensatas que toman edificios o casas abandonadas y ahí entre todos se organizan a fin de sobrevivir. Se niegan a pagar el servicio de agua, conectan alambres a la luz pública y no la pagan. Son poco útiles a la sociedad y sus atropellos los sustentan en argumentos que rayan en lo ridículo como es el caso de esos anarquistas que ocupan el auditorio Justo Sierra de la Ciudad Universitaria. También hay otros grupos anarquistas urbanos que se asocian a fin de delinquir y crear caos. Tal es el caso, por ejemplo, de Águila Negra que se vinculan con la delincuencia organizada y la venta de estupefacientes.
El anarco-comunismo de principios del siglo XX en México no fructificó, pero sentó cimientos importantes en la ideología de la Revolución Mexicana. La cantidad de acepciones que conlleva el anarquismo es tan basta que ni entre ellos se ponen de acuerdo. Los anarquistas radicales son sembradores de terrorismo y masacres. Los anarquistas románticos son bondadosos y solidarios, empero de esos pocos hay y viven dispersamente. Incluso los anarquistas que tienen sentido del humor sostienen que “su propuesta de Constitución sólo consta de dos artículos. El primero dice que no existe ley, reglamento o norma que se imponga a los seres humanos. Artículo segundo. No hacerle caso al artículo primero”. Lo importante es el reconocimiento a Ricardo Flores Magón. Algo bueno ha hecho este gobierno.













