Bernardo López 

Las autoridades de la Ciudad de México anunciaron que el “semáforo epidemiológico” pasará al verde, permitiendo la realización de todas las actividades, sin embargo, dejan el uso del cubrebocas como una condicionante, a pesar que este artefacto solamente crea una falsa sensación de protección. 

Los estándares de seguridad en la creación de cubrebocas se encuentran en una medida de filtración de partículas de tres micras (tres milésimas partes de un milímetro), pero aquí es donde se encuentra la sospecha, porque el virus del SARS-CoV-2 tiene un tamaño aproximado de 100 nanómetros (100 millonésimas partes de un milímetro) y atendiendo a la lógica, el tamaño del coronavirus es extremadamente minúsculo, es como si intentáramos detener con una malla ciclónica el paso de un grano de arena. Podrían argumentar que las gotículas de los aerosoles que expulsamos por la boca tienen un tamaño medido en micras, pero no todas se expectoran con un tamaño estándar. 

¿Qué sucede con los trapos, sin parámetros de protección, que se ponen las personas en la boca y nariz?, pues los orificios entre los tejidos deben superar las 3 micras de longitud. No obstante, se sigue recomendando como medida de seguridad. 

Al contrario de las supuestas bondades, los cubrebocas provocan un sobre esfuerzo mecánico de los pulmones al momento de exhalar aire, además de originar una acumulación de bióxido de carbono, que vuelve a ingresar al cuerpo y reduce los niveles de oxígeno en la sangre, dando paso a la aparición de microorganismos anaerobios y consecuentemente a la generación de enfermedades. 

Por otra parte, ¿Es posible que con estas medidas sanitarias se haya condicionado a las personas a padecer una especie de paranoia hipocondríaca, con esta obsesión por la salud y la erradicación de un virus? Este sería un buen tema de investigación para los psicólogos. 

Quedó descartado que las reuniones entre las personas fuera un factor para los contagios, debido a que el SARS CoV-2 es más activo en los periodos de frío y menos radiación solar. En diciembre 2021 y enero 2022, las temperaturas promedio en la Ciudad de México fueron menores a 24 grados y descendieron hasta los seis grados centígrados, periodo en el que se registró el pico de contagios, específicamente el 17 del primer mes de este año. 

Toda restricción que se ha impuesto debería ser levantada sin condicionantes, porque con la información que contamos hasta hoy y la que se va generando podemos apreciar que la última variante (ómicron) se volvió menos mortal.