No es necesario sacar porcentajes ni hacer comparativos estadísticos con sexenios anteriores (en los que, sobra decir, los números no favorecen a la actual administración): sabemos que nuestro país está atravesando por una ola de violencia y ésta se manifiesta de numerosas maneras. Una de ellas, habría de ser la que está relacionada con las armas de fuego, cuyos efectos se han recrudecido en las últimas semanas.
La madrugada del pasado 9 de junio sucedió un robo de dimensiones casi cinematográficas. Un tráiler con más de siete millones de municiones fue robado en Guanajuato, iba camino de Morelos con dirección a Texas.
Un atraco de esa magnitud hizo que las alarmas se encendieran, por lo que surgieron preguntas que evidenciaban las preocupaciones de más de uno: ¿quién necesita todas esas balas? y, sobre todo, ¿para qué?
El tráiler iba escoltado por policías públicos y privados, aunque parece ser que no pudieron con los numerosos autos que los interceptaron en Guanajuato.
Las autoridades desplegaron un cerco en la entidad y, gracias a una “denuncia ciudadana”, una semana después (que curiosamente coincidió con la visita del secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, a nuestro país), elementos de la Guardia Nacional hallaron la caja con la totalidad de las municiones, que estaban a la intemperie y al alcance de otras personas… Para cómo están las cosas, fue sorprendente que hayan recuperado un botín así, limpia y eficazmente.
Hay un dato que antecedería o explicaría el temor causado por una noticia así: el número de homicidios dolosos por sexenio no ha hecho sino aumentar peligrosa y dolorosamente: 75 mil con Vicente Fox, 102 mil con Felipe Calderón, 129 mil con Peña Nieto y 86 mil con López Obrador.
Aunque el presidente considere que los grupos criminales se estén portando “muy bien”, el número de homicidios dolosos en lo que va de este sexenio (menos de tres años) ya supera al total de muertos de Fox, y se acerca trágicamente al de sus sucesores. A este ritmo todo indica que, de aquí a 2024, romperemos récord en esta terrible cifra.
Reynosa, Zacatecas, Jalisco, Sonora, Guanajuato son nombres propios que se han convertido en sinónimos de balaceras, persecuciones, bloqueos, desapariciones y masacres. En este contexto, resulta inverosímil que una noticia así quede olvidada al paso de un par de semanas.
El crimen organizado ha logrado instaurar el terror como condición normal. Éste es su cruel logro: conseguir que el terror sea percibido como normalidad.













