Miguel Ángel López Farías
Como sucede con su delicioso queso oaxaqueño, los de la vacuna están “hechos
Bolas”. Y ojo, no creo que el mandatario les haya enviado un memorándum a sus “servidores de la nación” para que sean ellos los primeros en ponerse la vacuna. Pero de que le hicieron caso a la subdelegada de Bienestar en Oaxaca, Aida Valencia para que ella, su equipo y los caricaturescos mozuelos de la patria corrieran a aplicársela, claro que lo hicieron.
A doña Aida se le ocurrió mandar audios y textos de WhatsApp (¿malditas redes?) y pasar por alto que las dichosas vacunas eran para los abuelitos de la capital oaxaqueña, los cuales regresaron a sus hogares a esperar un nuevo embarque anti COVID.
Este acto ha tocado el espíritu de los oaxaqueños, la indignación llevó a el edil de Santa Lucía del camino, Dante Montaño, quien fue a reclamar a la jefa de doña Aida, a la delegada de Bienestar, Nancy Ortiz Cabrera, la exigencia de vacunas y los muchachos de la funcionaria de la 4T amablemente mostraron sus armas al latoso munícipe al cual se le fueron las ganas de elevar la voz.
Parecería un chiste, una mala anécdota, pero lo de Oaxaca se suma a una serie interminable de malas bromas en donde podemos saber que un Lopez-Gatell dice estar infectado de COVID y por ello no da la cara, pero se asoma en un parque abierto de la CDMX, confirmando que ya cayó de la desgracia de su jefe y que será sacrificado mientras pasa el desastre de las vacunas.
Sumemos a toda esa feria de descaros en donde el partido oficial se da vuelo pidiendo credenciales de elector a las personas de la tercera edad en un gesto de inducción al voto.
Y ahora Oaxaca y las grabaciones de una subdelegada de Bienestar haciendo exactamente lo que no, quitarles la vacuna a los abuelitos y dándoselas a sus muchachos. No se necesita decir que son un desastre, basta con que manden un whats para constatar que son peores que los que se fueron.
















