Un escultor diseñó y recreó en la fachada de una casa de la Ciudad de México un contemporáneo calmécac, término con el que se conocían las escuelas de los hijos de la nobleza de México-Tenochtitlán, en la capital del imperio mexica .
La genuina vivienda, custodiada en su cornisa por las figuras de un guerrero águila y un guerrero jaguar, atrae la mirada de propios y extraños en la colonia 20 de noviembre, a unos metros del popular barrio de Tepito.
El dueño de las casa es Fidel Herrera, pero su diseñador es el artista plástico Javier Nava Solorio. Ambos quedaron atrapados en el bachillerato por la historia prehispánica de México.
Solorio se percató entonces que en el municipio de Coacalaco, en el Estado de México, un escultor estaba construyendo una casa con relieves de diversos temas sobre la fachada y además trabajaba la incrustación de piedras de diferentes tipos.
“Vi la casa y me llamó la atención”, contó Solorio en entrevista. El escultor en ciernes hizo amistad con el maestro escultor y fue él quien lo inició en ese arte.
















