Lula ganó su cuarta elección presidencial, por más de 4 millones de votos en la segunda vuelta. Ahora necesita acuerdos para financiar sus prioridades, sostener la inversión y cuidar los mercados de Brasil. La victoria da continuidad a su proyecto, pero enfrenta una oposición fuerte en el Congreso y diferencias comerciales con Washington. Cómo administre esas condiciones tendrá consecuencias para América Latina y México.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) declaró la elección matemáticamente definida. En el corte del 25 de octubre, a las 21:21, con 99.83% de las secciones contabilizadas, Luiz Inácio Lula da Silva reunió 64.11 millones de votos, el 51.76% de la votación; Flávio Bolsonaro obtuvo 59.75 millones de votos, equivalentes a 48.24%.
En tres semanas, Lula revirtió la desventaja de la primera vuelta, cuando recibió 45.16% de la votación, frente al 47.03% ganador de Bolsonaro. La remontada muestra que el respaldo inicial del senador no bastó para ganar la segunda votación. Para explicar dónde cambió la competencia habrá que comparar la participación y los resultados territoriales. La victoria confirma el desenlace; sus causas requieren un análisis más detenido.
















