¡Peligrosa «ceguera agrícola»! Mientras la producción agroalimentaria se reduce y debilita, comer en México es cada vez más costoso para las familias mexicanas. La obcecación del gobierno podría ocasionar rebeliones y agitaciones en el país. El valor del agricultor no es solo económico, es de seguridad nacional pues sin ellos, el país pierde soberanía, y capacidad para alimentar a su propia población, alertó UNTA.
Por Guillermo Pimentel Balderas
El profesor Álvaro López Ríos, Secretario General de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) advirtió que la sociedad actual sufre de una peligrosa «ceguera agrícola» al dar por garantizado el suministro de alimentos sin valorar a los agricultores.
Estos pertinaces trabajadores del campo que se esfuerzan todo el día para poner en la mesa de los mexicanos los alimentos que producen, a pesar del abandono gubernamental que padecen, hace de su actividad económica asequible en el futuro inmediato, de ahí que, comer en México sea cada vez más costoso en la medida en que el campo se debilita.
López Ríos, dejó en claro que, el valor del agricultor no es solo económico, es de seguridad nacional pues sin ellos, el país pierde soberanía y capacidad para alimentar a su propia población.
Es de mencionar que en mayo de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum nombró a Columba Jazmín López Gutiérrez como nueva titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), convirtiéndose en la primera mujer en dirigir la dependencia. Sustituyó a Julio Berdegué Sacristán, quien pasó a coordinar temas internacionales y la revisión del T-MEC. Asimismo, en octubre de 2026 se confirmó la salida de Leonel Cota Montaño de la subsecretaría del ramo.
En breve entrevista con este reportero, el profesor Álvaro nos confió: “ante estos cambios se requiere más conocimiento y experiencia y no cargos por amistad”, porque, los problemas no esperan a que se acomoden las piezas políticas. Los productores necesitan presupuestos, reglas claras, apoyos oportunos y una política agrícola que esté a la altura de los desafíos comerciales.
Ahora, insinúa que, el reto para la Sader no es solamente encontrar quién ocupe la silla de Cota, sino demostrar que el próximo funcionario tenga proyecto, capacidad de ejecución y respuestas para el sector.
López Ríos, en otra parte de la entrevista, alertó que el gobierno, ante su obcecación por no atender a los productores agrícolas mexicanos, podría ocasionar revueltas y convulsiones en el país, “como ya lo he expresado en anteriores declaraciones”, apuntó.
Se quejó de que la población consumidora, en especial la urbana promedio, protesta con justa razón cuando sube el precio del limón, el aguacate, el jitomate o la tortilla pero, sin saber que, entre otras causas, es debido a la escasez de cosechas locales lo que provoca que la canasta alimentaria en las ciudades aumente un 5.5% anual, superando la inflación general del país.
Aclaro: “la caída en la producción y el abandono del campo mexicano ya están impactando de forma directa el bolsillo de los consumidores. Y, hay que agregar que las nuevas generaciones ya no quieren sembrar y la edad promedio del productor mexicano supera los 55 años”.
Esto, subrayó: “por la falta de rentabilidad, la falta de apoyos del gobierno, el cambio climático y el crimen organizado hacen que los jóvenes migren a las ciudades o a Estados Unidos”.
Además, reclama que, pocas veces se piensa que el aumento en precios de productos agrícolas se debe a que el agricultor pagó más por fertilizantes, sufrió por la falta de agua o fue extorsionado en las carreteras. “Al agricultor se le suele pagar una miseria en el campo, mientras que los intermediarios se quedan con las ganancias”.
En breve pausa, López Ríos confiesa: “la sociedad mexicana valora los alimentos, pero, invisibiliza y menosprecia al que los produce; el día que, en los distintos centros públicos distribuidores de alimentos, y en los estantes de los supermercados estén vacíos, la sociedad entenderá que, el dinero no se puede comer”.
Por lo tanto, advirtió que, en México, si no se garantiza un precio justo por las cosechas, acceso a tecnología ante el cambio climático y seguridad en las zonas rurales, el abandono de las tierras será definitivo.
Lamentó el por qué, la gente y el gobierno no terminan de entender que la crisis en el campo ha dejado de ser una advertencia teórica y se refleja en pérdidas severas si se consideran datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía a través de la Encuesta Nacional Agropecuaria junto con análisis del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.
Es decir, reprodujo: “la producción general de granos básicos en México, en los últimos 5 años, sufrió una caída acumulada del 13%, lo que equivale a casi 5 millones de toneladas menos de alimentos producidos en tierras mexicanas, y esto, obligó al país a romper récords de importación comprando el 58% de los granos y oleaginosas que se consumen en el mercado interno”.
En cuanto al ficticio salario mínimo general que, supuestamente se ha fortalecido, precisó que, una persona en zonas urbanas necesita 4 mil 951 pesos mensuales para cubrir la canasta básica de bienes y servicios indispensables.
Apreció: “No se debe olvidar que, el área total cultivada para los granos principales disminuyó en más de 730 mil hectáreas pues dejaron de producir, y la conclusión del sector es directa, el campo se está quedando sin márgenes para resistir ante el acelerado envejecimiento de la fuerza laboral y la falta de incentivos económicos que convenzan a los jóvenes de quedarse a sembrar la tierra”.
Detalló que, de acuerdo a su boletín de prensa, relató que, el INEG difundió que, los alimentos con los aumentos más severos son: la cebolla, registró un impactante repunte anual del 89.8%, mientras que el jitomate subió un 26.7% interanual y productos como el limón y el chayote registraron incrementos mensuales superiores al 20% en periodos de baja disponibilidad lo que ha presionado el gasto de las familias urbanas en lo específico.
No se diga, apuntó, “el desabasto de granos transforma un problema agrícola en un uno nutricional ya que, al encarecerse el alimento que consumen los animales de engorda termina en un aumento en el precio final de la carne y el huevo. Tan solo el kilogramo de huevo blanco promedia los 46 a 54 pesos en centrales de abasto, pero en supermercados roza los 60 pesos por kilo, así como en tienditas de la esquina”.
Ahora bien, por lo que respecta al kilogramo de pechuga de pollo éste está por encima entre los 120 y 140 pesos, mientras que el pollo entero ronda los 55 o los 70 pesos por kilo según la región, limitando su frecuencia de consumo en la mesa de los hogares de menores ingresos, indicó.
“Muchos productores nacionales prefieren cerrar granjas o vender sus animales antes de tiempo para no seguir perdiendo dinero comprando alimento caro y ello reduce la oferta de carne, impulsando el precio de cortes populares como la chuleta o la pulpa de cerdo por encima de los 110 pesos por kilo”, refirió.
El profesor Álvaro insistió en que, cuando falta producción nacional, el país importa alimentos básicos y esto afecta el costo de la comida mexicana al valor del dólar y a los precios de los fletes internacionales.














