El caso de Christa Pike, la mujer que llevaba casi tres décadas en el corredor de la muerte en Tennessee y que este miércoles sobrevivió a las dos dosis de pentobarbital administradas durante su ejecución, no es inusual en Estados Unidos, donde se han registrado numerosos errores en las ejecuciones de condenados a la pena de muerte.
Desde 1976, cuando se reanudaron las ejecuciones en EE.UU. después de que fueran paralizadas durante cuatro años por el Tribunal Supremo, al menos 64 ejecuciones resultaron fallidas o registraron problemas graves, 51 de ellas realizadas mediante inyección letal, según los datos que recoge la web de la organización norteamericana Death Penalty Information Center hasta mayo de 2026.
Para un periodo histórico más amplio, 1890–2010, un estudio del profesor, politólogo y jurista estadounidense Austin Sarat contabilizó 276 ejecuciones fallidas de un total de 8.776, aproximadamente el 3,15 por ciento.














