·         La inflación médica en México avanza por encima de la inflación general y convierte consultas, medicamentos, estudios y tratamientos en una carga cada vez mayor para los hogares

·         En el sector privado, la presión es todavía más fuerte: para 2026 se proyecta una tendencia de costos médicos de hasta 14.8%, impulsada por tecnología, medicamentos importados

María Escalante García

La salud, además de ser una necesidad básica, se está convirtiendo en uno de los gastos que más pueden desestabilizar las finanzas de una familia mexicana. No se trata solamente de pagar una consulta o comprar un medicamento: detrás de una enfermedad pueden acumularse estudios de laboratorio, imágenes diagnósticas, tratamientos, hospitalización, honorarios de especialistas y medicamentos que, en conjunto, representan una factura difícil de absorber.

El problema es que los precios relacionados con la atención médica están avanzando a un ritmo superior al de la inflación general. De acuerdo con datos citados por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), en diciembre de 2025 la inflación general fue de 3.69% anual, mientras que la inflación médica alcanzó 5.02%. Para junio de 2026, las tasas fueron de 3.37% y 4.83%, respectivamente.

La diferencia puede parecer pequeña cuando se observa en porcentajes, pero adquiere otra dimensión cuando una familia enfrenta un padecimiento que exige atención constante. Para quien necesita medicamentos todos los meses, acudir periódicamente con un especialista o someterse a estudios, cada incremento termina acumulándose.

El golpe llega al bolsillo

El problema se vuelve más evidente cuando se analiza el gasto de bolsillo, es decir, el dinero que las familias tienen que desembolsar directamente para atender sus necesidades de salud.

Incluso contar con derechohabiencia no significa necesariamente que una persona tenga todos sus requerimientos médicos cubiertos. El propio análisis citado por El Economista señala que personas afiliadas a instituciones públicas también recurren a servicios privados por distintas razones, desde consultas hasta medicamentos y estudios.

Esto crea una paradoja: mientras la atención médica debería funcionar como una herramienta para proteger a las familias frente a las enfermedades, sus costos pueden convertirse en un factor adicional de vulnerabilidad económica.

Y cuando el padecimiento es crónico, el problema deja de ser un gasto extraordinario para convertirse en una obligación permanente.

El CIEP identifica que el aumento del gasto en salud puede estar relacionado con tres elementos combinados: el incremento de precios de consultas y medicamentos, una mayor frecuencia en la utilización de los servicios y el uso de estudios o tratamientos complementarios.

En otras palabras, no solamente se encarece aquello que se compra; también puede aumentar la cantidad de servicios que una persona necesita.

Medicamentos y consultas, bajo presión

Los medicamentos constituyen uno de los componentes más sensibles. El análisis disponible para 2026 señala una inflación de 4.77% en medicamentos y productos sanitarios, mientras que los servicios para pacientes ambulatorios registraron una variación de 8.81%. Los servicios para pacientes hospitalizados aumentaron 5.13%.

La diferencia entre estos componentes demuestra que la llamada inflación médica no es homogénea. Una familia que solamente necesita medicamentos enfrenta una realidad distinta de otra que requiere consultas frecuentes, estudios especializados o una hospitalización.

Pero cuando estos gastos se presentan al mismo tiempo —como ocurre en enfermedades complejas— el impacto puede ser considerable.

El problema también se relaciona con la posibilidad de elegir. En determinados tratamientos, particularmente cuando se requiere un medicamento específico, la sustitución por una alternativa más económica no siempre es sencilla. El CIEP identifica este fenómeno dentro de los factores que presionan los costos médicos y lo relaciona con el poder de mercado farmacéutico.

Así, el paciente no siempre se encuentra ante un mercado donde pueda simplemente escoger el producto más barato.

La tecnología también tiene un precio

Uno de los grandes motores de los costos médicos es la innovación.

La llegada de nuevos medicamentos, equipos y procedimientos puede representar avances importantes para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Sin embargo, esa innovación también puede elevar el costo de la atención.

La tendencia no es exclusiva de México. Mercer señala que, para 2026, los planes de salud enfrentan presiones importantes en numerosos mercados y que entre los factores que impulsan los costos se encuentran el incremento en la utilización de servicios, una mayor incidencia de enfermedades y las tecnologías avanzadas.

WTW, por su parte, identifica entre los principales factores de las tendencias médicas globales a las nuevas tecnologías médicas y los avances farmacéuticos. En su encuesta internacional participaron 346 aseguradoras de 82 países.

La tecnología, entonces, tiene una doble cara: puede mejorar la capacidad de diagnóstico y tratamiento, pero también puede hacer más costosa la atención.