En lo más profundo de mi corazón
creí que podría tener éxito donde otros fallaron,
y ahora tuve la oportunidad de probarme
Sherlock Holmes
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Hay algo que no cuadra en el discurso de las libertades que todos los días nos receta la 4T y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. En sus conferencias dicen que no hay censura y luego viene la descalificación, sobre todo cuando hay investigaciones periodísticas que los cuestionan, que los vigilan; luego los reclamos y, lo peor, las amenazas hacia el periodista.
¿No que prohibido prohibir?
La semana pasada vivimos un capítulo más sobre los intentos de censura y de amenaza. Eso fue lo que propinó el senador Luis Fernando Salazar a Enrique Acevedo, titular del noticiario nocturno de Televisa. “Vamos a ir por ti”, señaló en su cuenta el legislador morenista. No aguantaron la investigación presentada por ese medio respecto a que Julieta Ramírez presuntamente estaría colaborando con la autoridad de Estados Unidos.
Ahí quedó la cobarde amenaza a un periodista, en este país donde es uno de los más peligrosos para ejercer el oficio; aquí donde puede quedar en un video el plagio de una comunicadora, como ocurrió en Veracruz con Roxana Guzmán Ramírez; aquí donde la organización Artículo 19 tiene registrada la cifra de 181 periodistas asesinados desde el año 2000 y por donde han gobernado PAN, PRI y Morena.
Aunque el legislador reculó, queda retratada la poca tolerancia y luego se ofenden cuando se les hace ver cómo se comportan. Va de nuevo: aunque la disculpa existe, ¿a qué se refiere cuando dice “vamos a ir por ti”? ¿Quiénes, senador?
Como ya estamos en tiempos electorales, pues ahora todo les pasa factura. Quizá de dientes para afuera, varios de sus compañeros no estuvieron de acuerdo con esa amenaza, pero el manotazo mayor llegó desde Palacio Nacional por la misma Claudia Sheinbaum Pardo, quien dijo que jamás deben utilizarse ese tipo de expresiones.
Y es que en la 4T parecen tener la piel muy delgada. La crítica molesta, la caricatura irrita, la investigación periodística incomoda y el comentario que no coincide con el discurso oficial rápidamente se convierte, según ellos, en “campaña oscura”, “mentira”, “guerra sucia” o parte de un supuesto complot, como si ellos no tuvieran el control; simplemente son sus hierros.
Hay que seguir haciendo buen periodismo, no activismo; periodismo con rigor y no aquello que termina convertido en propaganda. Porque al final se les cae su superioridad moral cuando se les manda por mensaje qué es lo que hay que postear. Así le pasó a Manuel Pedrero, que recibe línea ni más ni menos que de la presidenta del partido, Ariadna Montiel.
Tampoco faltan aquellos que van a pedir dinero a la mañanera, así, a lo descarado. Y lo peor es que, si la presidenta hizo bien en condenar la amenaza contra Enrique Acevedo, se fue de bruces con aquello de decir que a unos medios no se les da dinero; es que luego dice que las campañas se otorgan por audiencia y después que están en contra del gobierno. Parece un “no pago para que me peguen” de aquel viejo régimen priista.
La libertad de expresión no funciona a conveniencia. No puede defenderse cuando el periodista simpatiza con el gobierno y cuestionarse cuando publica algo incómodo. Tampoco puede exigirse independencia a los medios tradicionales mientras se justifica la dependencia de los nuevos medios respecto del poder… Pero mejor ahí la dejamos.
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