Carlos Ramos Padilla
No hay justificación que valga, ni explicaciones: estamos reprobados!. Nuestro nivel de instrucción pública, de planes de estudio, de programas de investigación, de elemental pedagogía, es de los más bajos.
No podemos enfrentar, como nación, una evaluación con otras naciones de vanguardia por nuestros escasos resultados, y no solamente es por la intención de convertir a la educación en un programa sistemático de adiestramiento político, sino por enormes murallas que enfrentan los estudiantes frente a la inexperiencia de los funcionarios públicos, falta de infraestructura adecuada (en este 2026 muchos planteles carecen de servicios básicos indispensables como agua potable, electricidad o sanitarios funcionales, especialmente en comunidades marginadas y gran parte de las escuelas públicas no cuenta con acceso a internet ni con herramientas tecnológicas), las presiones sindicales o los días feriados.
La dinámica educativa se ve truncada por paros de los trabajadores, porque grupúsculos manipuladores apoyan a Palestina o al EZLN, por ausencia de capacitación del personal académico, por cortes al presupuesto del sector, por eventos como el Mundial, en fin,
más días de inactividad que de productividad y eso se refleja en las calificaciones mundiales hacia nuestro crecimiento nacional. Veamos, nuestro país obtuvo sus peores resultados educativos en décadas luego de las recientes evaluaciones de la prueba PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, donde se ubicó en el puesto 35 de 37 países. Casi el último.
¿Qué sucede? que 7 de cada 10 estudiantes de 15 años no alcanzan los conocimientos básicos en matemáticas, lectura y ciencias casualmente las áreas de mayor rendimiento en el planeta. Nuestros jóvenes acceden a niveles avanzados con fallas graves para comprender y razonar textos o resolver operaciones matemáticas.
Aún cuando presidencial desacredita a la OCDE y a la prueba PISA, se entiende que los aspectos negativos fundamentales de la educación actual son la desconexión de los planes de estudio con las necesidades reales del mundo moderno y la persistente desigualdad en el acceso a los recursos resultado de la precariedad en la calidad del aprendizaje.
De igual forma afecta la política de una educación masiva y no selectiva, es decir, se toma a la escuela y universidades como sustitutos de asistencia social no por talento y capacidad intelectual, sino por carencias económicas.
Tendríamos la obligación de fomentar intercambios educativos con los cinco países de mayor reconocimiento educativo en el mundo: Japón, Singapur, Estonia, Suiza y Corea del Sur. China y la India han limitado el acceso masivo a las aulas, ha fomentado la diversidad de oficios y han incrementado la calidad y dignidad social.
Esto empata incluso con la conducta y la seguridad pública. Países Bajos, Luxemburgo y Omán han variado sustantivamente su convivencia social y calidad de vida. Chile y Argentina pretenden por mucho superar en materia de educación a México. Nuestro país ocupa el sitio 81 en el ranking mundial de calidad de vida de acuerdo a Global Citizen Solutions, luego de descender varias posiciones afectado por incisos como la inseguridad, el costo de vida y el estrés ambiental.
Pero aquí andamos, respondiendo a porcentajes mayor de la economía informal que de empleos formales y con esquemas de alta violencia que nos ha ganado la calificación de estar bajo un narcogobierno.













