· Aunque el discurso oficial busque vender estabilidad, los datos más recientes del Inegi muestran que la presión sobre el bolsillo de los mexicanos
· . En enero de 2026, la inflación general anual se ubicó en 3.79 por ciento, una cifra que refleja un repunte respecto al mismo periodo del año pasado
María Escalante García
Aunque el discurso oficial busque vender estabilidad, los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestran que la presión sobre el bolsillo de los mexicanos no cede. En enero de 2026, la inflación general anual se ubicó en 3.79 por ciento, una cifra que, si bien se mantiene dentro de parámetros considerados “controlados”, refleja un repunte respecto al mismo periodo del año pasado.
El propio organismo informó que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) alcanzó un nivel de 143.588 puntos, lo que representó un incremento mensual de 0.38 por ciento. El dato no es menor: en enero de 2025 la inflación mensual fue de 0.29 por ciento y la anual de 3.59 por ciento. Es decir, en un año no solo no se logró reducir el ritmo de encarecimiento, sino que volvió a acelerarse.
El aumento mensual más pronunciado evidencia que los precios arrancaron el año con mayor presión que en 2025. Para las familias, esto se traduce en un deterioro continuo del poder adquisitivo, especialmente en un contexto donde los salarios no siempre crecen al mismo ritmo que el costo de bienes y servicios básicos.
Si bien 3.79 por ciento puede parecer una cifra moderada en comparación con los picos inflacionarios de años recientes, el problema radica en su persistencia. La inflación sostenida, aunque sea en niveles aparentemente manejables, erosiona de manera constante el ingreso real, golpeando con mayor fuerza a los hogares de menores recursos, que destinan una proporción más alta de su presupuesto a consumo esencial.
Además, el repunte respecto a enero de 2025 envía una señal preocupante: la desaceleración inflacionaria no está consolidada. El arranque de 2026 deja claro que los riesgos siguen latentes y que la estabilidad de precios continúa siendo frágil, pese a los esfuerzos por contenerla.
En suma, lejos de representar una buena noticia, el 3.79 por ciento anual confirma que la economía mexicana aún no logra blindar a la población frente al encarecimiento constante, y que el alivio prometido en el costo de la vida sigue sin sentirse plenamente en los hogares.
Precios subyacente
El índice de precios subyacente, considerado un mejor parámetro para medir la carestía general porque elimina artículos de alta volatilidad, incrementó 0.60 por ciento a tasa mensual. A su interior, los precios de las mercancías subieron 0.92 % y los de servicios, 0.30 por ciento.
A tasa mensual, el índice de precios no subyacente disminuyó 0.36 por ciento. Dentro de este, los precios de los productos agropecuarios descendieron 0.86 % y los de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno crecieron 0.03 por ciento.
En enero de 2026, los productos genéricos cuyas variaciones de precios, al alza y a la baja, destacaron por su incidencia sobre la inflación general fueron los siguientes: cigarrillos; refrescos envasados; así como loncherías, fondas, torterías y taquerías con incrementos en sus precios. En contraste, el transporte aéreo, el huevo y el gas doméstico LP disminuyeron sus precios.
En enero de 2026, el Índice de Precios al Consumidor de la Canasta de Consumo Mínimo (IPCCCM) tuvo un alza mensual de 0.38 y de 3.60 por ciento a tasa anual. En el mismo periodo de 2025, ascendió 0.53 y 3.19 %, en ese orden.
La inflación en México cerró en 2025 con una subida de 3.69 por ciento, por debajo de las expectativas del mercado y de 4.21 por ciento del 2024, del 4.66 por ciento de 2023, del 7.82 por ciento de 2022 y del 7.36 por ciento de 2021, ambos años con el nivel más alto en las últimas dos décadas.
El dato de 2025 refleja una estabilización progresiva de los precios tras el periodo de fuertes incrementos que impactaron de manera severa el poder adquisitivo de los hogares mexicanos. Aunque el 3.69 por ciento aún implica un encarecimiento generalizado de bienes y servicios, la cifra muestra que la economía ha dejado atrás los picos inflacionarios que marcaron los años posteriores a la pandemia y a las disrupciones globales en cadenas de suministro.
Con este resultado, México consolida un escenario de menor presión inflacionaria, aunque el reto sigue siendo mantener la estabilidad de precios y evitar nuevos repuntes que afecten nuevamente el consumo y la capacidad de compra de la población.
















