Artemio Solís tiene la voz pausada, de su boca salen palabras redondas y suaves, él sabe matemática celeste, geometría cósmica, flor y canto, así como herbolaria, cuatro conocimientos prehispánicos con los que también contaba el general Emiliano Zapata Salazar.

A los nueve años de edad Zapata fue acercado a estas enseñanzas, mejor conocidas como conocimiento profundo, la abuela de Artemio, que conoció a Emiliano Zapata y a las mujeres de Tlaica, encargadas de resguardar por generaciones el conocimiento sagrado desde antes de la llegada de los españoles, contaba que el general había sido iniciado en el conocimiento profundo por este grupo de mujeres.

La abuela de Artemio contaba que al nacer Zapata, en Anenecuilco, Morelos, la partera que lo trajo al mundo pronunció con voz fuerte y clara que “hoy en este día maravilloso las estrellas se alegran, tiene dos círculos, (en referencia al 8 de agosto día en el que nació y las ocho letras que componen su nombre y que en horizontal forman dos círculos o el símbolo de infinito) llegó este niño”.

Artemio, que seguía los pasos de su abuela y escuchaba todas las historias que le contaba de Zapata recordó que ella había mencionado que los nueve años fue presentado en el Altzomoni, que es mejor conocido como el Paso de Cortés, entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl, en su presentación pronunció en lengua nahuatl que “la tierra no es del hombre, el hombre es la tierra”, fue así como las mujeres de Tlaica lo iniciaron en el conocimiento profundo.

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