• El Ganso hace planes para comprar votos con el presupuesto, pero ¿De dónde lo va a sacar?

Miguel A. Rocha Valencia

Los planes del Mesías de la 4T no incluyen acabar con el crimen organizado, bajar el número de pobres ni mucho menos mejorar la economía del país. Lo que realmente le importa es incrementar su base clientelar a base de programas sociales sin transparencia ni efectividad para incrementar los niveles de vida de los mexicanos.

De hecho el Inegi reporta que durante 2019 y 2020, con la Cuarta Transformación el número de personas en pobreza aumentó en nueve millones con lo que brincó del 48.8 por ciento al 55.7 por ciento, con lo cual, seis de cada diez mexicanos, no pueden cubrir sus necesidades básicas. Si a eso se agrega el efecto de la inflación, la cifra es escalofriante, pues alcanza el 64 por ciento de la población, a siete de cada diez personas.

Es decir que si uno de los objetivos del machuchón de Macuspana era generar pobreza y clientes de su movimiento, lo logra con creces, tal vez por eso lo de “anillo al dedo” de la pandemia ya que debido a ello, con los mismos datos del Inegi y el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, hay 6.5 millones de mexicanos más que se sumaron a quienes no tienen capacidad económica para adquirir la canasta básica.

Decimos que tal vez ese, empobrecer a los mexicanos y acabar con las clases medias “aspiracionistas y mezquinas” era el real objetivo del Ganso para tener más dependientes de las dádivas gubernamentales como las becas, pensiones, sembrando vida, ayudas de todo tipo que son acumulativas en un hogar con niños, madres solteras, campesinos improductivos o simples ninis, que ahora ya tienen esa ventaja, recibir dinero sin esfuerzo.

Y mientras, el presupuesto es ordeñado por el pontífice de Palacio Nacional con un anejo discrecional que le otorgó el Congreso, que incluye escamoteo a las participaciones federales de los estados, el finiquito financiero de los fideicomisos, regateo de prebendas para burócratas, incluyendo aguinaldos y bonos; el recorte a las diversas dependencias aunque con ello se perjudique la infraestructura y la operación (al Metro en vez de aumentarle presupuesto, se lo redujeron en dos mil millones de pesos, por ejemplo).

También se fue indebidamente sobre los dineros recuperados por el SAT de los impuestos que debían los causantes y con todo ello sumó una bolsa que acumuló en 2020, según dijo billón 700 mil millones de pesos, cuyo destino nadie conoce, pues si algo distingue a la Cuarta, es un incremento de la opacidad.

Incluso en los dineros presupuestales, se entendía que al menos 500 mil millones de pesos se deben ir a inversión, que viene a representar un miserable tres por ciento de lo que necesita el país y que de entrada la iniciativa privada pone entre el 20 y el 21 por ciento.

Pero ¡oh sorpresa! El caudillo de Tepetitán ordenó a sus diputados en el presupuesto de 2021 y seguramente lo hará para el 2022, no cambiarle ni una coma a su propuesta, en la cual, ya no hay nada destinado a inversión; ese dinero se irá directamente al barril sin fondo que estimula la improductividad y la pobreza, sus programas sociales y las “grandes obras por las que será recordado”.

Es decir, el gobierno ya no cumple con su parte de que a través de inversión pública promueva la privada. Quiere que el empresariado nacional y extranjero pongan todo, pero sin darles libertad ni certeza de que obtendrán ganancia pues si eso ocurre, los acusará de corruptos, abusivos y como en el sector energético, les cancelará concesiones o los amenazará con embargos por “utilidad pública o seguridad nacional”.

Dirán que antes esos 500 mil millones para inversión se los robaban y al menos en el sexenio peñista fue cierto, hoy mejor se reparten y no se invierten, pero el mensaje al capital es negativo. 

Peor cuando en el país pese a los esfuerzos del SAT, la recaudación alcanza el 14 por ciento del PIB, Pemex ya no reporta impuestos sino que es objeto de gastos (inversión) pago de deuda y pérdidas.

Total que si antes el país tenía una inversión del 25 por ciento de su PIB, con el retiro del gobierno apenas llega al 20 por ciento, lo cual, no será suficiente para crecer aunque parece que eso, mejorar, es lo que menos le importa al Mesías.

El Profeta de la 4T nos quiere pobres.

No a la consulta; que se aplique la ley, sólo eso.