• López al servicio de Estados Unidos, como los demás

Miguel A. Rocha Valencia

Siempre he pensado que López, el presidente, tiene una mente perversa y que, escudado en su discurso acostumbrado de corrupción, cancela programas de apoyos a la producción, con la mira de propiciar una caída en la generación de alimentos y con ello justifique, más adelante, la importación masiva de los mismos.

Con ello, logra dos objetivos; contar con dinero para sus estrategias clientelares y por el otro, cumple con el compromiso ineludible con el gobierno de Donald Trump de importar “grandes cantidades de productos agropecuarios” procedentes de Estados Unidos.

Así que los del Frente Campesino y los de Antorcha Campesina, tendrán que esperar sentados a que el presidente de la República les de los recursos etiquetados y que son de fomento no sólo a la producción agropecuaria sino también para mejorar las comunidades rurales.

Los protestantes que se apertrecharon en los alrededores de San Lázaro y utilizaron camiones, mesas y baños para construir barricadas ante la llegada de contingentes de la Guardia Nacional, advirtieron que no perseguirán a los diputados porque, además, no tienen forma de presionarlos, y que, si se aprueba el Presupuesto de Egresos recortando los apoyos al agro, será muestra que López Obrador quiere ser un tirano.

Pero al margen de este estira y afloja, hay hechos que no se pueden cambiar, como el compromiso firmado por Marcelo Ebrard con la administración Trump de importar grandes cantidades de productos agropecuarios, cuando Estados Unidos lo determine.

Este puede ser el hecho por el cual López Obrador no puede dar marcha atrás y prefiere echarse un enemigo en México. Algo parecido a la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, donde se afirma, fue parte de la negociación para entregarla la presidencia de la República.

Bueno, como se sabe, el tema del asilo a Evo Morales también pasó por la embajada de Estados Unidos.

Es decir, estamos de bruces ante el presidente estadounidense en todas las materias; la dependencia se hace evidente y la obediencia también.

Por eso y sin que eso sea una disculpa a los yerros de la actual administración, es menester señalar las implicaciones externas de varias de las decisiones que, por cierto, le restan puntos al López, quien, a diferencia de sus anteriores colegas, no tiene la mano para muletear ni la esgrima verbal para no caer en confrontación. Es burdo y menos preparado que quienes ya se fueron.

Los otros, hicieron lo que quisieron; este también, pero se ve grotesco.