• El odio del ganso es anormal; no es presidente, es jefe de una partida de rufianes

Miguel A. Rocha Valencia

La presunción de autoatentado “no es que él lo haya ordenado” contra Ciro Gómez Leyva, marca al ganso de Macuspana como un sujeto que no gobierna, sino que usa el poder para saciar sus odios, fobias, venganzas y tratar de sostenerse a costa de lo que sea en el poder.

Para el mesías tropical la idea teoría de la conspiración se volvió obsesiva y no es capaz de racionalizar los eventos provocados por su misma mentalidad traumatizada por sus fracasos. La Presidencia de la República, se volvió uno más.

No le satisface doblegar al de enfrente, necesita estigmatizarlo y a quien se atreve a disentir o pensar distinto lo lanza a la hoguera de rencores acumulados por un sector de la sociedad que, como él, culpa a los demás de sus propias miserias intelectuales, materiales o espirituales.

Esos seres incapaces de reconocer el éxito o triunfo de los demás gracias a sus méritos, cualquiera que sean son quienes se vuelven resentidos sociales, pero no se atreven por pereza, miseria intelectual o real incapacidad para enfrentar la vida con todos sus retos.

Son los llamados “perdedores” que cuando logran algo de poder, lo usan para desquitarse de los demás, no aceptan competencias ni culpas porque los responsables de todo lo malo, incluso lo que ellos mismos provocan por incapacidades, maldad o abuso de ese poder, son otros, cualquiera que sea, incluso inventan sus molinos convertidos en monstruos.

Así es el profeta de la 4T, no acepta fracaso en ninguna de las áreas de la vida nacional. El colmo es que acuse de autoatentado lo que fue una agresión directa contra un periodista al que lincha desde su púlpito en Palacio Nacional, incluso en medio de la desgracia que significa enfrentarse a la muerte.

Es in capaz porque así lo manda su mente enferma. No lo dice quien escribe, sino sicólogos y el propio Porfirio Muñoz Ledo que lo conoce desde su nacimiento en política. No acepta que todos los días enloda el nombre de personajes solo por el hecho de no estar de acuerdo con él, los llama traidores a la patria, vendidos, chayoteros y cuanto epíteto se le ocurre para desprestigiar, herir a quien él quiere, sin recato ni rubor alguno. Menos aún aporta pruebas de sus aseveraciones.

Utiliza la tribuna más alta del poder para crucificar e inducir agresiones a sus “enemigos” en tanto que a capa y espada defiende a los delincuentes como apenas lo hizo con un secuestrador de quien afirma, es víctima de una chicanada.

Lo mismo si se trata de Don Joaquín Guzmán Loera, prestigiado delincuente internacional, envenenador y cabeza de uno de los cárteles más sanguinarios que han existido y cuya familia se dedica a lo mismo con toda impunidad, protegidos desde el Zócalo de la Ciudad de México. Tanto que seguramente le alzarán un monumento en Badiraguato

Eso de que su dizque estrategia cómplice contra el crimen organizado, no falló. Seguramente los más de 141 mil asesinatos se derivan de atentados armados por los neoliberales, periodistas, intelectuales, demandantes de medicamentos, madres buscadoras, enfermos con cáncer y desde luego, los libres pensadores y los medioclasistas aspiracionistas.

No será capaz de aceptar que además de ese fracaso en una estrategia totalmente fallida y cómplice del crimen organizado, está qué él mismo siembra el odio, fomenta una lucha de clases inexistente mediante la generación de más pobres, desempleados, agredidos por la inseguridad, poblaciones enteras subyugadas por la violencia verbal y física que emana incluso con su lenguaje corporal.

Odio es lo que siembra el Peje y odios habrá de cosechar. No falla.