• Con caballada flaca Morena seguirá en la Presidencia: ¿A quién van a culpar del fracaso?

Miguel A. Rocha Valencia

De los males el menor: al menos los contendientes morenos por la Presidencia de la República con todo y lo raspadas que tengan las rodillas por quedar bien con el tlatoani, tienen una mejor preparación, menor edad y no transpiran el rencor del profeta, lo cual da alguna esperanza de mejora para el país, lo que será difícil por el alto grado de destrucción con que lo recibirán.

Ni modo, la oposición no da cara y la única oportunidad abierta de un viraje real es la presentada por el “rebelde” Ricardo Monreal Ávila, quien de plano “estiró la liga” todo lo que pudo, pero ya no pudo evitar su confrontación ideológica con el peje en temas de seguridad, economía, salud y desde luego, en la relación con empresarios y clases medias.

De estas últimas incluso llegó a reconocer su aportación para que el ganso ganara la elección presidencial en 2018, así como la necesidad de contar con los empresarios, la inversión privada para sacar al país de la crisis económica que hoy se refleja en la pérdida de más de medio millón de empleos, incluso en la informalidad y que, por lo visto, cerró puertas a quienes desean ganarse la vida dentro de la Ley.

Una científica y el otro entrenado en las artes diplomáticas, son mejores que la limitación de un sujeto que ni siquiera se atreve a juntarse con quienes en teoría son sus pares simplemente por sus complejos y sólo se siente seguro si vocifera dentro de las paredes de su “austero palacio” que cuesta a los mexicanos más de seis millones de pesos al mes.  

Otro, el zacatecano, entrenado por muchos años en el arte de la política, gobierno y la esgrima verbal que le ayudaron a no inclinarse a “ciegas” ante el caudillo y le permitió, sin caer en la confrontación personal o abierta, disentir, aunque eso le costara perder sus desayunos en Palacio Nacional.

En todo caso este último, representa a la oposición dentro de Morena, aunque en realidad, científica y canciller también disientan del profeta cuatrotero, pero incapaces de mostrarse como son, “aguantan vara”, siguen la corriente al enajenado y hasta imitan sus procedimientos que los hacen verse mal, copias burdas del tabasqueño que se regodea en su rencor por llegar tarde, anciano y disminuido al poder.

Pero más allá de quien quede y si la oposición de repente despierta y se convierte en competencia, está el hecho de que quien detenta hoy el poder, dejará un país en ruinas, en las peores condiciones, tan dañado que será difícil al menos en los primeros años, recuperar parte de lo perdido.

Los obstáculos serán descomunales, en la economía no tanto si logran integrar al capital privado que se fue o se guardó en la caja fuerte, lo más importante será rescatar al país de la inseguridad, frenar el baño de sangre que al final del sexenio podría tener un saldo de 200 mil asesinatos.

Rescatar al país del flagelo de la delincuencia organizada no será fácil porque hoy controlan no sólo sus poderosas empresas criminales, las encargadas de la producción y tráfico de drogas, el mercadeo de armas y personas, así como su incursión y apoderamiento de regiones enteras del país incluyendo comercialización de alimentos, productos básicos, cosechas y equipamientos.

Pero, además, esos grupos criminales que ya ampliaron sus tentáculos a Asia, Europa, África y Suramérica como denunció el gobierno chileno, son hoy ¡gobierno! En muchos estados de la República a grado tal que controlan estados, municipios, regiones y corredores como el del Pacífico. El “Triángulo Dorado” es de ellos, ahí sólo transita lo que ellos permiten.

Ese poder es tan real que hasta el machuchón lo defiende y le da calidad de seres humanos sin importar que estén al margen de la ley y masacren. Sacarlo de la vida nacional o impedir que incidan en elecciones, economía, seguridad y justicia, será una tarea que se antoja imposible sin el uso de la fuerza.

Esa fuerza que hoy está minada, donde cuerpos militares de Sedena, Marina y Guardia Nacional, están sometidos y en muchos casos son cómplices y hasta proveedores del crimen organizado. Ni qué decir de las policías estatales y municipales a las que además se les disminuyeron por “ahorros” los recursos.

De una vez que sepan esos aspirantes presidenciales, de donde sean, cómo se encuentra el país. Si van a buscar el poder deberán hacerlo con responsabilidad y no salir como el tlatoani de Macuspana en que todo, hasta su incapacidad es culpa del neoliberalismo y decir que todo es una herencia maldita de sus antecesores. No tendrán esa justificación como no la tiene el Peje.