• Morales se impuso mediante el fraude y sometimiento de instituciones

Miguel A. Rocha Valencia

Debo decir a Marcelo Ebrard que no estoy de acuerdo con él y al presidente López que desaprobé su apresuramiento para legitimar la permanencia en el poder de Evo Morales, en Bolivia. Aunque claro eso los debe tener sin cuidado.

En cambio, les subrayo el hecho y les pido que lo analicen a la par de lo sucedido en España con el crecimiento de la ultraderecha.

Los regímenes están moviéndose a los extremos y quien no entienda la tendencia, que mejor se haga a un lado.

La advertencia es de los movimientos colectivos; la sociedad se harta muy pronto de los gobernantes, especialmente si son demagógicos, si abanderan causas incumplibles o si ven que no hay ningún avance cierto en la mejora de vida. Si eso ocurre, lo más seguro es que quien mandata, tendrá que irse.

A pesar de que fueron 30 millones, hubo en México casi 70 millones que le dijeron no al actual presidente López; hoy podrían ser más quienes no votarían por él y, aun así, se avoraza cooptando todo el poder, incluso los instrumentos que deberían ser equilibrio y también oposición frente a acciones ilegítimas del gobernante.

Así fue el camino de Evo Morales, quien luego de más de una década en el poder quiso ser su dueño aplicando incluso las mañas de quienes él criticó, como la “caída del sistema” de conteo electoral. En México pasó algo así y el autor de tal falla, milita y es funcionario de la actual administración, Manuel “Goebbels” Bartlett Díaz.

Tal vez se le premia como director de la CFE por los méritos que en un futuro podría prestar al gobierno de López, quien, por su parte, ya se apoderó no sólo de los poderes Legislativo y Judicial, sino también de varios organismos autónomos como la Comisión Reguladora de Energía, la CNDH y ahora quiere al INE y al TEPJF, los árbitros electorales, en una jugada que marca un perfil autoritario, como los de los neogorilatos en América Latina,

¡Cuidado! México no es Venezuela y mucho menos Bolivia; podría acercarse un tanto a Chile o a Argentina, sólo que con un hándicap en contra para la actual administración: su cercanía con Estados Unidos, hacia donde aparecemos como súbditos incondicionales, sujetos a decisiones que habrán de llegar del Norte, especialmente en materia económica.

Pero ni con un respaldo tal, un régimen autoritario, transexenal podría instalarse en México; no lo dejaríamos; Salinas de Gortari lo quiso y fue repudiado.

Ahí están los hechos. Sin mayor opinión. 

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