• México no crecerá si no cambian políticas públicas

Miguel A. Rocha Valencia

Parece que en México no se parte de lo básico en economía. Incluso en las potencias económicas marcan la ruta cuando de sacar adelante a la economía se trata: estimular la industria de la construcción.

De ahí, no sólo se genera crecimiento y desarrollo, sino que estimula la infraestructura, la infraestructura de un país, su modernización e incluso sus procesos educativos y de salud. Construir es la mejor forma de combatir pobreza.

Ya que con ello incluso los procesos recesivos en países pobres o ricos, se terminan cuando se ataca esa industria generadora de riqueza, porque propicia el crecimiento del empleo, y estimula una serie de sectores, incluyendo la demanda de profesionistas y mano de obra masiva.

A ella recurrieron en Estados Unidos en su Gran Depresión con la presa Hoover, y lo hacen actualmente en China.

Por eso, a raíz de la cancelación del NAIM y la entrega de las obras de Santa Lucía al Ejército, la industria decreció y dejó sin chamba a más de 145 mil personas. Podrían ser más, pero gracias a que se recurrió a las mismas fuentes de abasto de materias primas como piedra, se mitigó la estrepitosa caída, que en 2019 “apenas llegó” al 6.9 por ciento anualizada.

Con ello se cayeron otras industrias como el acero, vidrio, cable, gabinetes profesionales como arquitectos, ingenieros, servicios técnicos asociados a la industria aeronáutica y desde luego, la mano de obra, los albañiles.

Pero, además, la caída de la industria que fue la peor desde 2001, también se motivó por los “ahorros”, ya que si de por si la inversión pública decreció de 500 mil millones de pesos a sólo 397 mil 682 millones, sólo se ejerció el 35 por ciento, es decir apenas 139 mil 682 millones de pesos que se aplicaron a poco más de nueve mil contratos.

Si la caída no fue mayor es porque siguieron explotándose los yacimientos de piedra para alimentar las obras de Santa Lucía, que dio empleo a transportistas y macheteros, con todo y que las concesiones se dieran a divisionarios involucrados en los trabajos.

El problema mayor es que para 2020 no se ve mejora; el presupuesto no crece y lo destinado a obra no corresponde a las necesidades. Tanto así que los inversionistas no van a arriesgar su dinero si no ven una participación decidida del gobierno de López, a quien siguen considerando un riesgo o al menos sus políticas erráticas, precipitadas y sin planeación. Sí, así como se ve en el sector salud, como el mismo Carlos Urzúa, ex secretario de Hacienda de la Cuarta lo expresó.

De ahí que las calificadoras disminuyeran su expectativa de crecimiento para México y ahora lo ubiquen, apenas al iniciar el año, en el 1.2 por ciento.

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