• Tan dañado quedará el país que quien llegue deberá convocar a todos a reconstruir

Miguel A. Rocha Valencia

Dicen quienes saben que el daño causado por el ganso de Macuspana al país ya es estructural no sólo por la destrucción y sometimiento de instituciones sino porque a la debacle financiera que viven millones de mexicanos, se suma un profundo deterioro del tejido social que hará casi imposible a quien herede el poder convocar con efectividad a un gran esfuerzo nacional para salir adelante.

De ninguna manera será un sexenio de relumbrón o lucidor en todo caso el próximo presidente o presidenta deberá asumirse como un líder que unifique a los mexicanos, disminuya las tensiones clasistas generadas desde Palacio Nacional con el fin de emprender una etapa de reconstrucción que iniciaría en el tejido social, las instituciones y recuperar la confianza en nuestro país de propios y extraños.

No se trata como comenta Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano de estar contra el mesías tropical sino simplemente aplicar números, tendencias, resultados y finalmente colocarlos en una balanza donde todo es perder y perder, desde los 150 mil asesinatos y 45 mil desaparecidos en este sexenio hasta el aumento de la deuda en más de seis puntos del PIB, más el ajuste al alza de un billón 300 mil millones por concepto de déficit, si no es que, es más.

 Esto último hará que los recursos presupuestales tengan una merma de billón 80 mil millones de pesos, derivado del aumento en las tasas de interés que se emplearon para contener la inflación y que afortunadamente empieza a ceder, aunque eso no implica una disminución de los precios que aumentaron especialmente la canasta de la llamada “subyacente” que de manera “histórica” (todo es histórico para el ganso), llegó a estar a la par de la carestía de los básicos.

Esto implica que por un lado tenemos un peso fuerte pero sobrevaluado y que, por el otro, el costo de las deudas del gobierno subió de acuerdo a las tasas marcadas por el Banco de México que hoy la mantienen en 10.25 por ciento, la más alta de las últimas tres décadas.

Todo esto que implica mayor deuda, incluyendo lo que se destina a las “megaobras” y el rescate de Pemex con su deuda por arriba de los 107 mil millones de dólares que representan el 6.3 del PIB nacional y que con todo y los más de 670 mil millones de pesos que el gobierno central le ha transferido para pagar pasivos sale de problemas.

 Es la petrolera más endeudada del mundo y es un foso sin fondo ya sea por la reconfiguración de las refinerías existentes y Dos Bocas para lo cual se le transfieren dineros fiscales, mientras que se aportación al PIB es nulo.

Insisto no es por contravenir al caudillo de Tepetitán sino simplemente hacer número y ver que las políticas equivocadas tienen al presupuesto cada vez menguado y por ello se recurre a cancelar proyectos de investigación, exprimir fideicomisos, ahogar instituciones como el INE donde de paso le dan su apretón político, al poder Judicial con su cabeza en la odiada Suprema Corte de Justicia y otras medidas más que se podrían explicar desde el punto de vista de la urgencia económica del tlatoani tabasqueño a quien no le alcanza para comprar más votos con los programas sociales.

Incluso en los temas de salud y educación donde los recortes cuestan miles de vidas por la falta de medicamentos, infraestructura, materiales, equipos y médicos, en el primer caso y atraso en generaciones de niños y jóvenes a muchos de los cuales especialmente en nivel prepa y profesional, se les cancelan las becas. NI hablar de los científicos a quienes, en vez de darles recursos financieros, les regalan denuncias penales.

De tal suerte que ante la escasez de dinero que deja a la inversión pública como la más baja de los últimos 40 años (2.5 por ciento del PIB en cuatro años) tampoco la iniciativa privada arriesga sus recursos pues aunque existan proyectos no le entran por la desconfianza institucional y legal, ya que aún con la existencia de un marco jurídico, ven que si al machuchón del Zócalo se le antoja algo, lo va a hacer y no hay defensa que valga frente a la estrategia de chantajes, amenazas o decretazos.

Así, la deuda se irá acumulando, en este 2023 los expertos consideran que podría estar por arriba del 56 por ciento del PIB con compromiso de pago muy importantes por el alto interés que pagan los documentos de deuda y el vencimiento de muchos de ellos, así como la tendencia de capitalistas sobre todo extranjeros que ven riesgo en los papeles que emite el gobierno de la 4T. Todo ello se acumula debajo de la alfombra y quien llegue a Palacio Nacional, tendrá un reto financiero muy fuerte porque además con baja inversión el tema se pondrá muy difícil incluso antes de terminar el sexenio. Será “la Rifa del Tigre”.