- Reconoce 4T que México es otro (para mal) y urgida se ¿abre? a la IP
Miguel A. Rocha Valencia
A estas alturas, no se entiende que a pesar de tener todo poder para cambiar a México y pasar a la historia no sólo como la primera presidenta, la actual jefa del Ejecutivo no haga los ajustes necesarios para frenar el deterioro económico, social y estructural del país y propiciar un desarrollo y crecimiento que parecen estará al alcance de a mano.
La única explicación posible es que no tiene a su alcance la decisión política para hacer lo que evidentemente se debe. Muestra de ello es que reconoce que las condiciones del país son otras en todos los sentidos y la urgencia de asumir responsabilidades para salir del hoyo que cada vez se profundiza más y amenaza con hundir a un proyecto que ya no cristalizó y debe cambiar sus estrategias.
Golpeada no tanto por la oposición sino la realidad de un país en crisis y por sus propias huestes y aliados, la mandataria, la presidenta insiste en llamar a la iniciativa privada a invertir, lo cual desmiente los discursos triunfalistas que hablan de miles de millones de dólares colocados en México por todo tipo de empresas y confirman que se trata de reinversiones de utilidades.
Contrario a los mandatos heredados del mesías tropical, la presidenta reconoce por un lado que, si de crecer se trata, el gobierno no lo podrá hacer todo y necesita la aportación determinante de una iniciativa privada golpeada y chantajeada por el régimen.
Reconoce en los hechos, la necesidad de cambiar políticas públicas que le ganaron a pulso al régimen los anatemas de violento, corrupto, intransparente, abusivo, centralista, socio del crimen y autoritario. Y sin embargo en lo jurídico mantiene la línea de control absoluto y la tendencia a la imposición por una vía legal que a nadie convence, especialmente lo electoral.
Mantiene también el perfil de impunidad o “gracia” para los de casa, la tendencia a no hacerse responsable de los pecados del régimen y por ende, no arrepentirse de los mismos a cambio de sostener posiciones, alianzas y discursos que ya nadie se cree, pero tratan de imponer en la narrativa que suena a demagogia barata.
Por eso los llamados a la iniciativa privada para que inviertan en proyectos de gobierno no fructifican porque si bien todo mundo se puede comer un taco de lengua, existe un marco legal que no garantiza la permanencia de reglas claras ni tampoco la utilidad que el dinero busca.
Con reformas y ajustes a leyes que cambian artículos de la constitución y sus leyes reglamentarias, se achican los nichos y oportunidades para ese dinero que necesita el régimen para hacernos ver que podemos crecer bajo un proyecto de nación que sataniza a opositores y dueños de dinero para exaltar la pobreza, aunque esta se confunda con holgazanería, dependencia o con el viejo paternalismo que, pernicioso, mina las finanzas públicas y apuntala un gobierno con su agradecimiento.
Y es que como ya queda demostrado, los programas sociales sin mediciones y universales traen consecuencias negativas no sólo en la presión a las finanzas públicas y escamoteos a la inversión oficial, sino también siembran mediocridad, conformismo y dependencia.
Si como presume el oficialismo, hay hogares donde sus habitantes reciben de tres a cuatro o más “apoyos” oficiales y les propician ingresos por arriba de 18 mil pesos, pues ya no buscan empleo, se van a la informalidad laboral e incluso dejan de cotizar al IMSS y se van al gratuito IMSS-Bienestar.
Y no les interesa trabajar, con los ingresos gratis por becas, apoyos y pensiones, tienen suficiente hasta para poner un “negocito” sin esfuerzo y sustentado en dinero gratis que sale obviamente de quienes pagan impuestos y porqué no, de los 2.5 billones de pesos de las Afores de os chambeadores y de los que ahora podrá disponer el gobierno sin rendir cuentas a nadie.
Si las cosas cambiaron y por lo que se traduce del reconocimiento oficial, fue para mal, tanto que hasta ahora se piensa en emplear el fracking para extraer gas naturas del bienestar sin importar el daño que se haga al medio ambiente como lo demostró la 4T con Dos Bocas que destruyó manglares o el tren Maya que se tragó entre siete millones y 10 millones de árboles y miles de hectáreas de arbustos y selvas.
Y todo para tratar de conseguir parte de los siete mil millones de pies cúbicos de gas natural del que somos deficitarios, pues el consumo se calcula en nueve millones 100 mil pies y sólo producimos 2mil 300 millones dpc.
Total, las facturas no las van a pagar los cuatroteros que salieron buenos para gastar, robar y pedir prestado, pero muy malos para invertir. Así las cosas, el país cambió, pero para mal, de eso no hay duda, lo reconoce el gobierno y ahora sí, pide ayuda a los que antes golpeó, chantajeó y exprime. A todo dar. Por eso son llamados a misa.