• A regalotes del ganso a Sedena se suma Mexicana de Aviación con subsidio por 7.9 mmdp

Miguel A. Rocha Valencia

Muestra de la inviabilidad de financiera de las obras del ganso son el tren Maya, la refinería que no refina de Dos Bocas y el Aeropuertito de Santa Lucía ya que las tres deberán estar subsidiadas por muchos años y tal vez ni así puedan “despegar” o alcanzar el punto de equilibrio en que los mexicanos no debamos pagar su mantenimiento, nómina y funcionamiento.

A ellas se suma ahora la otra ocurrencia del mesías tropical quien “tuvo a bien” regalarle su aerolínea a la Sedena bajo el nombre de Mexicana de Aviación por cuya marca pagamos mil millones de pesos los cuales debieron repartirse entre seis mil extrabajadores de esa exempresa privada.

Lo que sí se sabe es que, como las obras mencionadas, recibirá subsidio presupuestal que para 2024 alcanzará los siete mil nueve millones de pesos y que podrá subir o disminuir de aquí a 2029 cuando se espera que la Aerolínea del Estado Mexicano alcance su punto de equilibrio.

Es decir que tanto obras como empresa y otros caprichitos del tlatoani tabasqueño gravitarán en el presupuesto de la federación, o sea que, a los mexicanos chairos o fifís, conservadores o “revolucionarios” liberales, deberemos aportar de las limosnas gubernamentales o de nuestro salario, una gran cantidad de dinero no sólo para pagar las deudas contratadas por el machuchón de Palacio, sino también para el sostén de sus ocurrencias.

Pero además ni siquiera se ve viable la posibilidad de que dichas obras o empresas alcancen en un tiempo cercano el punto de equilibrio financiero en el cual dejen de ser una carga para el pueblo bueno y sabio y una forma de seguir engordando los bolsillos de los soldados quienes a fuerza de billetazos, corrupción y regalotes, nos tienen abandonados y a merced del crimen organizado.

Porque pareciera una carrera, entre más les dan a los militares, más se corrompen y en paralelo el crimen organizado crece con “empresas” que van más allá de lo delincuencial pues se apoderan de rubros “legítimos” como lo inmobiliario, consorcios turísticos que incluyen hotelería por lo cual varios edificios e instalaciones son decomisados.

Para colmo y con todo el bombo y platillo, el primer vuelo de la nueva Mexicana, llegó con dos horas de retraso al también renovado y militarizado aeropuerto de Tulum, pero antes aterrizó en Mérida, lo cual indica que “algo malo hay”, aunque claro a los operadores no les preocupa como sería en una empresa privada, pues ellos, los de verde y de blanco, no van a perder nada por sus ineficiencias o la inviabilidad financiera de las empresas.

Total, en la suma de costos ya se fueron por arriba del billón 200 mil a los cuales habrá de sumarse lo perdido por esos proyectos como el caso del NAIM y sus 600 mil millones directos a lo que debe adicionarse lo que o se ha ganado en estos cinco por la cancelación de algo que nos catapultaría a nivel internacional con inversiones y empleos y que a cambio nos deja deudas aun no calculadas.

Por el contrario, habremos de sumar todos los subsidios que pagaremos los mexicanos por estos costosos caprichos presidenciales, pero a ojo de buen cubero, desde la refinería que triplicó su costo lo mismo que el trenecito.

O sea que las sobras del caudillo nos van a continuar costando no sabemos por cuantos años más con lo cual lo mismo que sus licitaciones para trenes de pasajeros, significan un legado muy costoso para quien lo sustituya en el poder y claro que será recordado por lo infausto de su administración más allá de los muertos, desatinos, destrucción de instituciones e intento por demoler los cimientos de un país cuyos habitantes soñaron con un futuro distinto.

Esto último será lo más costoso, la traición a quienes creyeron en él empezado por su círculo cercano de colaboradores que, encabezados por dos exsecretarios de Hacienda, prefirieron irse que ser cómplices de esto que efectivamente resultó una transformación, pero no hacia adelante como todos lo deseábamos.

Así que llegue quien llegue a la presidencia, si no se cancelan aun terminadas dichas obras, seguiremos pagando por ellas. Tendrán que aquilatarse los costos financieros y sociales para ello, pero, de entrada, está por demás una aerolínea y un trenecito condenados a perder todos los años, más allá del daño que ya causaron.