- Lo dicho en la tragedia de la L12, gobiernos federal y local evadirán culpas
Miguel A. Rocha Valencia
Más allá de los resultados de las auditorías a realizar en torno a la tragedia en la Línea 12 del STC, donde obviamente habrá “mano negra”, los gobiernos federal y de la CDMX, no van a buscar responsables sino coartadas para evadir culpas, como lo han hecho en estos más de dos años que llevan en el poder.
Y no se trata de adivinar. Así lo hacen siempre: si exhiben al hermano Pío del presidente recolectando fondos ilícitos para campaña, no es delito. Si el propio Ganso de Macuspana reconoce de viva voz que vivió y se financió de dinero no auditable y procedencia ilegal, lo justifica, era “la causa”.
Si el machuchón de Palacio Nacional anuncia que va a repartir más de 700 mil millones de pesos gratis del presupuesto, son programas sociales, pero si a un candidato se le ocurre prometer la entrega de mil 500 pesos a los necesitados, quiere que el INE lo crucifique, lo baje de la campaña. De otra manera, el árbitro electoral es cómplice.
Igual exige que no se politice la tragedia que cobró la vida hasta el momento de 25 personas, pero ordena a sus huestes de la Cámara de Diputados someter a juicio a los del bando contrario. Pero eso sí, se evita y hasta suspenden sesiones ordinarias en el Congreso de la Ciudad de México para impedir que alguien se atreva a solicitar la comparecencia de la jefe de Gobierno y de la directora del Sistema de Transporte Colectivo, quien además de inepta, resulta hábil empresaria ligada a otros “accidentes” como el del Socavón en el libramiento de Cuernavaca a Acapulco en el cual perecieron dos personas.
Incluso el Mesías Tropical se desgarró las vestiduras, exigió destituir al entonces secretario de Comunicaciones y Transportes y pagara por el “crimen”. Hoy, ante 25 muertos, ordena no acusar ni hacer uso político de los hechos sino, ahora sí, investigar.
Por eso no era difícil adivinar la siguiente jugada. Esa investigación donde está metida una empresa que ya tiene negocios con el gobierno federal, dará la coartada de “inocencia” para quien construyó la Línea con todos los yerros que ya son historia, así como a la actual directora del Metro, porque son de “casa” y una vez más recordemos que en la nueva mafia en el poder, como respetable organización criminal, no hay culpables, porque todos son cómplices y, por lo tanto, inocentes.
Y si no, pregúntenle a los Bartlett a los Ackerman-Sandoval, Zoé Robledo y compadres, a los Nahle, Guevara, Durazo, los López-Obrador, los López-Beltrán, incluyendo primas, nueras y compadres; Rabindranath y el Banco de los pobres, los robos de los superdelegados en el reparto del dinero de programas clientelares, la inducción a proveedores, las más de 100 denuncias en la Función Pública, los desvíos presupuestales y, en suma, de todos quienes hoy están en el poder y no rinden cuentas al menos de los casi 300 mil millones otorgados en contratos directos.
En Palacio Nacional dice el profeta de la 4T, no hay corrupción, son diferentes, pero le faltó agregar que tampoco hay responsables de nada, mucho menos de tragedias como la de la Línea 12 y menos aún por los 220 mil muertos “oficiales” por negligencia en la pandemia de SARS-CoV-2 y, ni hablar de los 75 mil asesinatos en la presente administración donde la inacción cómplice oficial permite el aumento de la violencia y el fortalecimiento de las empresas criminales.
No serán culpables si tragedias como la vivida se repiten por los errores con que se construyen el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas o el aeropuerto de Santa Lucía.
Tampoco serán culpables del empobrecimiento, la socialización de la miseria en el país que obliga a un mayor número de mexicanos a emigrar para no convertirse en limosneros como ocurre en Cuba o Venezuela donde la dádiva gubernamental apenas alcanza para sobrevivir porque no hay empleos ni futuro.
No serán culpables tampoco de la destrucción de instituciones, de la desaparición de los equilibrios de poder y menos aún de la dictadura de corte fascista que nos quieren imponer.
De nada de eso serán culpables como tampoco de la desaparición de libertades y futuro promisorio de México.
La culpa será de nosotros mismos que permitimos el ascenso al poder de un sujeto ignorante, vengativo, soberbio y vil. Sabíamos que era un peligro y aun así, la mayoría de quienes votaron decidieron encumbrarlo engañados por el espejismo de un cambio que acabaría con la corrupción, y resultó todo lo contrario, peor.
Porque en todos los regímenes autoritarios, lo que prevalece es la corrupción monopolizada por quienes detentan el poder. Veremos si llegan al final del camino o si logramos detenerlos y con ello, la tragedia que vive el país.
Porque un voto por Morena, es un voto contra México.