• Luego de tres años de pérdidas, Deer Park da utilidades, pero a qué precio

Miguel A. Rocha Valencia

Debemos festinar que por primera vez en tres años periodo en el cual perdió “únicamente” 17 mil 737 de dólares, la refinería mexicana en Texas, reportó utilidades por 195 millones de dólares al primer trimestre de 2022.

Ganancia pírrica diría el ganso, peor si se toma en cuenta que esas “utilidades” se derivan del encarecimiento internacional de los refinados producidos y propician un subsidio para no subir las gasolinas en México por cerca de 300 mil millones de pesos. El superávit de Deer Park en pesos, es por cuatro mil millones. O sea, un negocio muy discutible.

Con todo y los fierros viejos de esa fábrica construida en 1929 y reconfigurada tres veces, de la cual Shell se deshizo sólo de la refinación para lo cual tiene capacidad para procesar 340 mil barriles de petróleo al día y generar 110 mil barriles de gasolina, 90 mil de diésel y 25 mil turbosina.

Lo que no soltó Shell fue la planta de petroquímica que se asienta en los mismos dos mil 300 acres o nueve millones de metro cuadrados y para ello se surte de no de petróleo mexicano sino de su matriz británica. Es decir que el real negocio que es la generación de derivados donde se incluyen fertilizantes, se quedó con los ingleses.

Pero además de la ganancia que por fin detuvo las millonarias pérdidas de la fábrica de refinación por la cual México pagó en enero de este año, 600 millones de dólares por la mitad que faltaba y con lo cual también asumió deudas por cerca de mil millones de dólares, el hecho es que la refinería texana resulta ser mucho mejor negocio que Dos Bocas en todos sentidos.

De tal suerte que, si se pondera la adquisición que presume la 4T, habrán de reconocerle al “innombrable” o jefe de la mafia del poder, Carlos Salinas de Gortari que no se equivocó cuando ordenó a Pemex comprar la primera mitad de Deer Park en 1993.

Peor aún, si se toman los resultados de refinación deberá reconocerse que esa fábrica de la cual “importamos” gasolina, turbosina y diésel, resulta mucho más barata frente a la de Dos Bocas que sin producir, costará no menos de 12 mil 500 millones de dólares, con una capacidad de procesamiento similar a Deer Park, es decir, 340 mil barriles de petróleo al día. Y eso si se sostiene la extracción suficiente de crudo para mantenerla. Recordemos que las seis fábricas actuales en México trabajan al 40 por ciento de su real capacidad, incluyendo Minatitlán, Veracruz, Salamanca, Guanajuato, Salina Cruz, Oaxaca, Tula, Hidalgo, Ciudad Madero, Tamaulipas (la más anciana, 1914) y Cadereyta, Nuevo León, la más joven, 1979.

El caso es que Deer Park vuelve a la actualidad por ser un “logro” cantado por el mesías tropical y conlleva varios contrasentidos pues culmina una obra de su enemigo histórico y desmiente la utilidad costo-beneficio de su capricho en Paraíso Tabasco, no sólo por lo caro, sino porque al final no incorpora petroquímica sino sólo refinación, con lo cual el negocio, si lo es, nacerá viejo y poco rentable, pues lo de hoy y mañana es la petroquímica.

Por ello será importante primero, sostener la producción de crudos pesados y ligeros, luego, aprovechar integralmente la infraestructura existente y que está sub explotada. Claro lo mejor sería meterle inversión a la petroquímica donde México cuenta con ocho plantas (una privada) y dos fuera de servicio, con capacidad de 10 mil 638 toneladas diarias lo cual nos coloca en el lugar 21 a nivel mundial, según la Asociación Nacional de la Industria del ramo.

Las importaciones de petroquímicos en México superaron en 2019 las 877 mil toneladas métricas cuando en el país esa producción cayó históricamente.

Y es que cada año aumenta la dependencia de nuestro país de las importaciones especialmente de cauchos, asfaltos, gomas, latex, que son básicos para industrias como la automotriz, zapatos, muebles, teléfonos y la agricultura, entre otros. Ese si es negocio. La mejor muestra de ello es que Shell no soltó su planta precisamente en Deer Park.