• Gobierno de Trump se convirtió en régimen de chantajes y amenazas

Miguel A. Rocha Valencia

No ha pasado un año desde que la Unión Europea y Estados Unidos, llegaron a un acuerdo comercial que involucra cerca de 400 mil millones de euros y que hoy quiere tirar a la basura el propio Donald Trump si ocho países del viejo continente se oponen a su intención de apoderarse por las buenas o las malas de Groenlandia, perteneciente a Dinamarca.

Esto se sumará a la extraterritorialidad que el gobierno estadunidense ya ejerce en varios países de América Latina y otras partes del mundo donde bajo el pretexto de la seguridad interviene de manera directa, los mismo en Israel que en Ucrania, Venezuela o México.

El argumento es el mismo y las amenazas para conseguir sus objetivos también, aunque suenen descabellados o fuera de proporción. El chantaje va por delante; me lo dan o los castigo, parece ser la premisa como ahora lo hace con la Unión Europea a la cual advierte que, si no le dejan tomar Groenlandia en propiedad, les aplicará aranceles por arriba de lo acordado hace un año.

Pero más allá de las amenazas, deben revisarse los argumentos del presidente Trump y de varios de sus colaboradores como el secretario del Tesoro Scott Bessent, quienes proclaman una debilidad de los europeos para defender posiciones estratégicas en materia de seguridad.

Es en este punto donde nos llama la atención la insistencia del presidente estadunidense en tomar Groenlandia no como un punto para establecer alguna base militar aparte de la que ya tiene disfrazada de investigación científica o de plano colocar en ese punto del norte de Atlántico una estación de fuerzas castrenses.

Se trata de poco más de dos millones 166 mil kilómetros cuadrados de territorio, del cual 80 por ciento está congelado con capital en Nuuk, y depende del reino de Dinamarca desde 1814. O se lo regalan o lo compra dice Trump mientras los europeos y groenlandeses dicen que la isla no está a la venta.

Eso paró de pestañas al mandatario de Estados Unidos y su tribu que le sigue el paso y bajo el argumento de seguridad dijo que por lo pronto le aplicará aranceles adicionales a los ocho países que le niegan el capricho, arma que aplica también contra México a quien permanentemente amaga con intervenciones que van más allá de las que ya realiza en territorio, aire y mares nacionales.

En ese entorno sería bueno preguntar a qué le teme Donald Trump quien como buen populista de derecha se crea enemigos por todas partes y bajo ese argumento aplica su ley violentando reglas internacionales que su nación prohijó luego de la segunda guerra mundial, como los siete apartados que rigen a las Naciones Unidas, incluyendo le OTAN que precisamente se creó como un organismo de defensa militar frente a cualquier potencia, dígase la entonces Unión Soviética.

Si aún con ello Trump alega que quiere a ese país, como lo hizo con el gobierno de Venezuela o justifica en México por motivos de seguridad es que entonces sus planes van más allá de la simple ocupación de Groenlandia y teme una posible acción bélica ya sea de Rusia o China.

Acciones que sólo se realizarían si en la mente del actual presidente estadunidense existe algún plan expansionista o comercial que pudiera afectar los intereses de esas dos potencias de manera tal que se sienta obligados o provocados a actuar en consecuencia.

Pero como están las cosas y todos los frentes que tiene abiertos la administración Trump, incluso en su país con las cruzadas antiinmigrantes y las políticas económicas que quieren afectar incluso a la FED, sería difícil que se callera en alguna provocación sobre todo cuando Canadá ya decidió resistirse al chantaje comercial y solidarizarse económica y políticamente con el bloque europeo.

Da la impresión de que a Trump no le interesa tener una pared para recargarse y protegerse; en su tarea de generar enemigos inexistentes de Estados Unidos, ya no tiene aliados y sólo argumenta la fuerza bélica de su país para doblar a los de enfrente.

Así viene incluso la revisión del TLC o como se le quiera llamar y los expertos lo ven ya no como un tratado tripartito luego de la postura firme de Canadá, sino como una negociación sólo con México, donde tarde o temprano, ojalá, se tendrá que asumir una posición firme y no ceder a más chantajes. Porque eso de los aranceles que aplica Trump golpea de los dos lados; reducirá la economía de América del Norte y eso nos hará menos competitivos frente a otros bloques comerciales. Eso seguro lo saben, por lo que la táctica tiene más fines políticos y estratégicos que económico-financieros.