• Señales ominosas sobre los mexicanos, lo peor es que no hay gobierno

Miguel A. Rocha Valencia

Sumido en “su proyecto”, el gobierno federal no da una y a pesar de que la economía se hunde, la inflación repunta y se queda sin recursos presupuestales, prefieren regalar dinero para comprar simpatías, golpear y pelearse a los que disienten y confrontar a los mexicanos cuya esperanza de un país mejor, se desvaneció hace tiempo.

Sin brújula, salvo que el proyecto de la 4T sea hundirnos en la miseria, violencia, aislamiento y destrucción de infraestructura social e institucional, el país reporta números cada vez más preocupantes conforme avanza el sexenio y hace cierta la sentencia de que tenemos al peor presidente en el peor momento.

NO hay duda. Primero, ninguna de las promesas que le valieron 30.1 millones de votos se cumplió pues los niveles de corrupción, violencia y falta de crecimiento económico están a la vista. Ni los “ahorros” ni las “recuperaciones” a base de persecuciones o chantajes del inicio sexenal sirvieron frente a una mala administración de los recursos, utilizados principalmente para comprar votos. 

La corrupción creció tanto que se volvió institucional, descarada involucrando a la familia presidencial convertida en cabeza de la nueva mafia del poder. El tráfico de dinero y la violación a la ley, fue descarada. Incluso organismos internacionales dieron cuenta de ella, desnudada en México por diversos medios de información que por ello se ven perseguidos desde Palacio Nacional.

Va desde transferencias ilegales en bancos, donativos y chayotes con los hermanos, hijos, prima y cuñadas y nuera del ganso, hasta el enriquecimiento insultante de colaboradores cercanos, compadres y amigos donde desafortunadamente se hizo evidente la corrupción de las Fuerzas Armadas.

Y en respuesta a esas evidencias y denuncias, el ganso promueve la confrontación social, el ataque a empresarios, medios, periodistas y organizaciones de la sociedad civil en tanto que las instituciones son sometidas por el Ejecutivo que las utiliza para sus fines políticos, venganzas personales y la construcción de “su proyecto” el cual no da color, pues si antes estábamos mal, hoy estamos peor.

Se desmiente desde el púlpito cuatrotero la realidad de los números, esa que nos marcan desde dentro y fuera del país como el Fondo Monetario Internacional o el Banco de México: retracción de inversión, huida de capitales nacionales y extranjeros estanflación con sus componentes de carestía, bajo poder adquisitivo y nulo crecimiento económico.   

Incluso el Instituto de Finanzas Internacionales IFF, apunta que México encara uno de los casos más destacados de estancamiento económico con una persiste alza de precios, donde incluso la inflación subyacente se desboca a incide en lo que no es de primera necesidad, pero si de consumo generalizado.

Terminó el primer trimestre y los momios son negativos, de 3.5 por ciento de arranque, bajaron al 2.0 y hasta 1.2 del PIB. La visión es que podría caer más antes que recuperarse y con ello, sus secuelas como desempleo, informalidad y criminalidad. Eso lo dicen Citibanamex y Bancomer.

En tanto, el profeta convertido en reyezuelo, que no duerme por disfrutar el poder, se debate en sus rencores, acusado a todos de corruptos y enemigos y no se da cuenta que, en su entorno familiar, de trabajo, están los peores.

Regodeado en la vanidad y el autoelogio, soltó el timón de la cordura para transformarse en emperador que, si por él fuera, convertiría al país en una gran pira para inmolar a quienes no piensan como él ni ven esa realidad que los cortesanos le manifiestan todos los días con el tradicional “lo que usted diga señor presidente”.

Sin rumbo ni liderazgo, el mesías tropical trastoca la ley la cambia por monedas y aplausos; perdona a quien se robó mucho más de 10 millones de dólares a cambio de 2.6 millones de pesos: exculpa a quien llevó la deuda de Pemex de 58 mil a 106 mil millones de dólares, tan sólo para que mienta y sea testigo en su revancha contra los que se fueron. ¿La justicia? Es él. Y si eso no fuera suficiente y como no está dispuesto a perseguir a los grandes empresarios criminales, deciden romper con la DEA y desaparecer la Unidad Antinarcóticos, cuerpo de élite de mexicanos entrenados que lograron la captura, por ejemplo, de Joaquín Guzmán Loera. Tal vez este sea el preludio de un gobierno híbrido que algunos llaman… narcoestado