- Palacio no se equivoca, una cosa es García Harfuch y otra el gobierno
Miguel A. Rocha Valencia
Luego de curarse en salud aduciendo que la decisión de que el secretario de Seguridad de México, Omar Amid García Harfuch, asistiera a la reunión convocada por la Drug Enforcement Administration en Argentina fue del gabinete de seguridad, Palacio Nacional dijo que el titular de la DEA, Terry Cole, la DEA sostiene un doble discurso, ya que por un lado elogia la tarea del funcionario mexicano y por el otro afirma que en nuestro país gobierna el crimen organizado.
Pero el oficialismo se quedó corto porque en Estados Unidos y gran parte de los mexicanos creemos que el gobierno de la 4T se ha ganado su sitio como uno de los más corruptos, opacos y criminales, no solo por la red de huachicol que a simple vista inmiscuye a funcionarios de muy alto nivel, donde se incluye al “hijo de un expresidente”, sino que todo indica que ese exmandatario es la cabeza de la hidra delincuencial.
Esa hidra criminal donde están metidos desde exsecretarios y en funciones de Estado, mandos castrenses de blanco y verde, legisladores, familiares, compadres y amigos, hasta funcionarios de nivel medio, a grado tal que se quedan chicos los cárteles de la delincuencia organizada con la que también pactó la 4T.
Tal vez por eso, o mejor dicho, por eso es que Terry Cole reconoce en el nieto del general Marcelino García Barragán a un aliado que ha cumplido con la estrategia de combatir al crimen, no con el demagógico discurso de “atacar las causas”, sino enfrentándolo de tú a tú, pero con la fuerza del Estado, con el respaldo presidencial, pero sin decir que formalmente se cambió totalmente el método.
Para todos, incluyendo las agencias estadunidenses de seguridad y los departamentos de Justicia, de Estado y Tesoro de Estados Unidos, una es la tarea que desempeña el hijo del fallecido líder del PRI, Javier García Paniagua, y otra la que no se atreve a ejecutar abiertamente el gobierno mexicano.
Este hecho revela que existen poderes (¿o en singular?) que impiden a quien gobierna formalmente al país actuar en todas las áreas y que, sin embargo, las presiones externas justifican algunas acciones mínimas, aunque hacia afuera se dé la certeza de que estamos muy mal y que la connivencia con la criminalidad “común” y la oficial es un hecho.
Algunos analistas apuntan que en ese juego perverso hay acuerdos y que por ello no se escalan acciones contra México, por ejemplo, en materia financiera, aunque se sabe que el Departamento del Tesoro le tiene puesta la mira a más instituciones mexicanas y varias más al otro lado de la frontera para seguir el rastro del dinero derivado de empresas criminales que operan en ambos países, como es el caso del robo, refinación, exportación e importación ilegal de hidrocarburos.
Lo de las drogas, armas, extorsión y tráfico de personas entra en la bolsa, pero es otro boleto.
Y por eso, aun cuando en el presídium palaciego nos digan una cosa, en el oficialismo tienen la certeza de que al otro lado del río Bravo todo lo tienen al detalle, lo mismo por las “exportaciones” de material humano que por los pecadores que desean redimirse de todo mal antes de que se liberen posibles solicitudes de detención con fines de extradición lleguen a aboyar el ya de por sí deteriorado prestigio de gobernadores, legisladores o funcionarios de diversas dependencias.
Por eso se entregó el general Gerardo Mérida Sánchez, a quien también por sus “conocimientos” y deseos de colaborar, se le eximió de estar en una de las cárceles más temidas de Estados Unidos.
De hecho, con lo de Mérida Sánchez se abre un parteaguas y de aquí en adelante muchas cosas se van a acelerar, lo del “hijo de un expresidente” será poco escándalo porque el tema va a escalar por las dos vías: el crimen organizado y las drogas, armas y personas, y por el otro, la trama billonaria del huachicol, que insistimos no solo tiene una carga de evasión fiscal que está por alcanzar el billón de pesos, sino los robos de crudos (ligero y pesado) que por millones de barriles sufrió Pemex, donde ninguno de sus dos directores “se enteraron”.
Parteaguas porque el general tiene información de primera mano, de inteligencia militar, no se trata de dichos de un delincuente común. Lo que tiene el divisionario es de mucho peso, tanto como los entorchados, estrellas y águilas de los militares o las curules, escaños o parentescos de todos los actores de la gran trama criminal de México.