• Dice la 4T que no pide prestado para programas sociales, entonces ¿Por qué el déficit?
Miguel A. Rocha Valencia
Hasta hoy, no se conoce oficialmente porqué en sólo ocho años México vio crecer su deuda en casi 10 billones de dólares, pero todos intuimos varias razones: en primer lugar, el intento desesperado o estratégico de sostener a la 4T en el gobierno de manera “democrática” con el agradecimiento de los mexicanos por el dinero gratis que se otorga, dicen, a cerca de 4.5 millones de personas beneficiarias de algún programa social, que algunos llamamos clientelar.
Y para eso se necesita mucho dinero que no se consigue con los recortes y la llamada austeridad franciscana que se dijo sería impuesta en la administración de la 4T, luego de que se gastaron los fondos de contingencias, los recursos de los fideicomisos públicos, los de enfermedades catastróficas y todo cuanto quedaba “volando” como los distintos apoyos a actividades agropecuarias.
La 4T se convirtió en una devoradora de dinero a la cual no le alcanza ningún recurso y menos luego de tirar a la basura cientos de miles de millones en obras que primero, no eran necesarias, segundo, que resultaron improductivas y tercero, que debe mantener a través de subsidios incluso para que continúen en operación, sin contar la cancelación de una que hubiese reportado al país grandes beneficios como el Nuevo Aeropuerto Internacional de México.
En eso, se tiraron o se gastaron cerca de billón y medio de pesos además de que fue un golpazo para la confianza de la inversión privada nacional y extranjera que no es posible calcular que los expertos estiman en muchos cientos de miles de millones de pesos. Además de los daños ocasionados especialmente a las industria aérea, turística, hotelera y sus anexos.
Pero ¿Y todo lo demás? Porque no todo se ha regalado, no existen obras de infraestructura que lo justifiquen, aunque sí latrocinios gigantescos de los cuales desde luego no existen culpables salvo el consabido neoliberalismo o Calderón o García Luna.
Por eso algunos sospechan, incluyéndome, que bajo el pretexto de los programas sociales y obras que no sirven más que para consumir subsidios, que el saque al país es histórico, tan grande que no podemos distinguirlo, ya sea para financiar a otros regímenes donde también se roban el dinero público o de ayudas internacionales o para generar “fondos” con los cuáles se ha creado una nueva camada de multimillonarios que aseguran su subsistencia por décadas o generaciones.
Porque en el país no se ve el gasto salvo los cuatro billones presupuestales que se tiene n para mantener los programas sociales y con eso mantenerse en el poder donde el club de la 4T no se va a juzgar por sus corruptelas, pagar pensiones y el servicio de la deuda.
Claro no se puede descontar el billón y medio de pesos que se han transferido a Pemex y CFE para que subsistan. Para esas empresas no sólo se adquirió desde directa y soberana sino también se le transfieren dineros fiscales para solventar sus compromisos de deuda, mantenimiento y desde luego tapar los hoyos de atracos como el que estamos viendo con el tema del robo de combustibles y crudos para enviar a refinar a Estados Unidos y que vulgarmente llamamos huachicol fiscal.
Pero no se ve la inversión en obra pública ni siquiera en su mantenimiento y ahora que vienen elecciones en 17 estados, todos sabemos que van a comprometer más las finanzas del país, apretarán sin duda a los empresarios, obligarán a un aumento de la informalidad y por ende caerán otra vez los ingresos por ISR y eso hará que emitan mayor deuda.
De ahí que los analistas ya estén proyectando que antes de concluir el presente sexenio, si no ocurre una catástrofe financiera mayor que la de Ernesto Zedillo en 1994, México tendrá comprometido en deuda cerca del 60 por ciento de su PIB, porque a estas alturas nadie cree posible una consolidación fiscal del gobierno de la 4T.
Por el contrario, la deuda continuará creciendo más allá del déficit “estimado” del 3.9 o 4.9 por ciento que nos dicen oficialmente, simplemente porque no hay productividad. El tema es que ya no hay piedras para levantar y sacar dinero; por el contrario, los empresarios emigran su lana a mejores lugares y si a eso sumamos que las tasas de la FED ya están a dos dígitos de las del Banco de México, podríamos ver no sólo que ya no lleguen capitales, aunque sea especulativos, sino que se vayan a mercados más seguros.
Si se da un fenómeno así, los papeles de duda del gobierno que ya están a un paso de ser basura, no van a servir ni para el baño y entonces la crisis nos va a pegar con todo, claro, menos a la nomenklatura que ¿gobierna? al país que ya tiene asegurado su futuro financiero. Parece exagerado, pero sólo es cuestión de hacer números.