• Como con criminales, quien le va a decir no a la invitación del Ganso. Se pueden poner malitos

Miguel A. Rocha Valencia

Sea cual sea la motivación, que será seguramente el silencio que guardaron ante la intervención del crimen organizado en las pasadas elecciones para favorecer a Morena, la “invitación” del Ganso de Macuspana a los exgobernadores de Sinaloa el priista Quirino Ordaz Coppel y de Nayarit, el panista Antonio Echevarría García, uno para irse de embajador a España y el segundo, aún pendiente, no puede rechazarse.

Hacerlo, pondría a los dos exmandatarios en riesgo de linchamiento desde el púlpito de Palacio Nacional y persecución política, penal o de los mismos criminales.

Ambos políticos dirán que sí, incluso el ex de Chihuahua, Javier Corral Jurado (panista) intentó caer en gracia del mesías tropical y conseguir su protección luego de ser su furibundo enemigo a sabiendas de que a su capillita le va a llegar su festejo. En esa entidad no sólo hubo malos manejos y confrontación con el actual jefe del Ejecutivo sino un pleito por agua y también intervención del crimen organizado.

No sabemos si la ex de Sonora, la priista Claudia Artemiza Pavlovich Arellano también será invitada. Ahí también fue evidente la intervención de brigadas del crimen organizado para inhibir la votación por opciones distintas a Morena.

En todos los casos, a pesar de las pruebas gráficas de la participación de grupos criminales que se robaron urnas, secuestraron activistas y candidatos, las cuales circularon a nivel nacional e internacional, los gobernadores enmudecieron, no dijeron ni Pío e incluso trascendió su recomendación a “tragarse el sapo” y no iniciar carpetas de investigación ni judicial ni electoralmente.

Todos obedecieron y no necesariamente por la instrucción del poder político sino por el temor a la delincuencia organizada que mostró tener identificados a los dirigentes, líderes y aspirantes de todos los partidos, incluyendo desde luego a los ex gobernadores y sus familiares. Los secuestros y amenazas fueron efectivos, lo mismo que el robo de urnas que el relleno de las mismas por personas ajenas al padrón electoral.

Igual pasa con las “invitaciones” realizadas “generosamente” por el profeta de la 4T. Saben los convidados cuál puede ser el resultado de la negativa. Se podrían poner malitos.

O a poco no se les dieron cuando aún eran mandatarios instrucciones días u horas antes de las elecciones para no atender las denuncias de secuestros de personas y urnas electorales. El tema es si la advertencia salió de Palacio Nacional o desde los nidos de los Cárteles.

De ahí que el destino del de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, quien se atrevió a denunciar e incluso llevar a la OEA pruebas de la intervención criminal para favorecer a candidatos de Morena, sea imprevisible, aunque seguramente pagará su atrevimiento por desafiar la instrucción presidencial y la advertencia de los delincuentes que impunemente y a la vista del gobierno federal están apoderados de pueblos enteros.

Ahí en Michoacán es tan evidente el desafío o la colusión del crimen con el gobierno federal que las Fuerzas Armadas y desde luego la Guardia Nacional y sus 100 mil elementos, tienen prohibido acercarse e intentar al menos rescatar la autonomía, la libertad de las poblaciones sojuzgadas.

Por eso, una invitación del Ganso, no puede rechazarse, sobre todo si existe algún “pecado” del cual lo tengan “agarrado” desde el Palacio Nacional, cuyo estilo de negociación impuesto es el chantaje, a partir de carpetas de investigación con bases sólidas o simples dichos. Cualquier pretexto es bueno para la acusación pública, la persecución política y el amago de la fiscalía general de la República y la Unidad de Inteligencia de Hacienda.

Es decir, no hay para dónde moverse ya que del otro lado está el crimen cuyo evidente apapacho y protección desde el gobierno federal, le permite actuar con cinismo, abiertamente violentando la seguridad, haciéndola suya como hoy lo hace con gubernaturas, presidencias municipales y diputaciones pintados todos, de Morena.

Ahora si se puede decir que la delincuencia organizada no sólo tiene sus brazos empresariales que se fortalecerán con contratos que le habrán de otorgar generosamente desde sus tentáculos políticos instalados en palacios de gobierno.

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