Yo campesino / Armas y odio

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Políticas migratorias y venta de armas, cóctel mortal

Miguel A. Rocha Valencia

Apenas el viernes pasado comentaba con la destacada periodista mexicana avecindada en Phoenix, Arizona, Elvira Carrillo Camarena (Espinosa), dueña del portal Mixed Voces, acerca de la gran cantidad de muertos derivada del crecimiento indiscriminado en la venta de armas tanto en Estados Unidos como en México y como nadie hace algo por frenarlo.

Mi respuesta fue que no lo harán y menos en la actual administración estadounidense, dado que el mercado legal de armas “convencionales” automáticas y semiautomáticas, supera los 500 mil millones de dólares al año.

Y aunque a ese negocio contribuyen países fabricantes de China, Rusia, Israel, Inglaterra, el principal mercado es Estados Unidos, donde no sólo hay fábricas, sino también están los principales importadores y vendedores.

Ni hablar de la frontera con Estados Unidos, especialmente Texas, donde hay tiendas establecidas, y “ferias” o tianguis de armas que se venden sin restricción. De hecho, ahí se surten los criminales mexicanos dedicados a las drogas, secuestro, contrabando humano, mercaderías y armas.

El fin de semana, confirmamos que la mezcla de discursos de odio, antimigrantes y racistas, cobraron nuevas víctimas, otras distintas de las que quitan los “amigos del rifle” y grupos afines, y que no se reportan por darse en lugares despoblados.

Hoy, dicen que el presidente de Estados Unidos, un mercader de cepa dejó entrever que podría solicitar algún control en la venta de armas, esas que vemos en vídeos manipular a pequeños niños y ser festinados por los mayores, como si no fueran instrumentos para causar muerte.

Son dos temas que se sumaron: uno que se hace viejo y que sin embargo no se quiere atender porque representa una de las principales industrias a nivel mundial y el mejor de los comercios de Estados Unidos: la fabricación y venta de armas.     

El otro, la política que se extiende por muchos países incluyendo México. El repudio a los migrantes que buscan establecerse en territorios ajenos en busca de un mejor futuro y donde se insertan personas indeseables.

Tema este de difícil solución porque se deriva de las desigualdades sociales y económicas, de fenómenos de opresión sin esperanza o simplemente de gente que huye por cualquier circunstancia.

Empero, los gobernantes sí pueden incidir moderando sus mensajes, que no estimulen la confrontación o el rechazo, el odio entre seres humanos. Urge que los discursos cambien, incluso en México donde muchos ya estamos divididos y nos polarizamos.

Grave responsabilidad de los gobernantes que no deben seguir soslayando; de otra manera, las armas continuarán respaldando esos discursos, esas políticas discriminatorias cuyas consecuencias finales preferimos no imaginar.

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