Fotografía de archivo en donde se observa el capitolio al amanecer en Washington DC en Estados Unidos. EFE/ Michael Reynolds

La muerte del senador estadounidense Lindsey Graham, estrecho aliado del presidente Donald Trump, supone una carrera contrarreloj para los republicanos que deberán encontrar el sustituto para ocupar el puesto en los meses que le quedaban de su término y la boleta de las elecciones de noviembre para retener su curul.

Graham, quien falleció de forma repentina a los 71 años, cumplía los seis últimos meses de su cuarto periodo en la cámara alta estadounidense, siendo una pieza clave para crear puentes con la Casa Blanca actual, lograr la aprobación de leyes impulsadas por Trump, y ser una de las voces más duras con Irán y al mismo tiempo altamente favorables hacia Israel y Ucrania.

En junio pasado, él había ganado por un gran margen las primarias republicanas al Senado por Carolina del Sur, y los pronósticos daban por segura su reelección.