Tónico Sónico / Julia Holter ante la vorágine del mundo moderno

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“Eso es todo, no hay nada más” – I Shall Love 2

Jesús Serrano Aldape

Julia Holter se pregunta en la canción I Shall Love 2, en lo que parece un soliloquio en su interior, mientras un montón de sonidos emergen alrededor de ella: “Estoy enamorada, ¿qué es lo que puedo hacer?”. Y no nos preocupa, porque la canción, una especie de declaración de principios para entender el intimidante álbum Aviary, (2018) nos irá dando la respuesta.

Y a la que llega es: “Debo amar”. No es: debo amarte o debo amar a tal o cual, como en canción pop convencional, sólo un simple y directo: “Debo amar”, y punto. Y tal mantra se erige poco a poco como algo indestructible, mientras el caos gira en torno a ella, amenazándola con engullirle.

Y de pronto, en franco trance de las temáticas presentes en Aviary, son esos sonidos que giran en torno a la voz de Holter llevados a representar la vorágine de voces con “algo que decir” en las redes sociales modernas; el aturdimiento que causa siquiera imaginar semejante inmensidad; pero también la valiente y hermosa resolución, enmarcada por las cuerdas y los coros infantiles, de que esa desesperante enormidad  puede sortearse.

Con Julia repitiendo inflexible: “I Shall Love”, mientras la marabunta de sonidos se le viene encima tratando de ahogar su voz. Un concepto tan sencillo, pero plasmado con gran inventiva a lo largo de los 15 temas del álbum doble, de los que I Shall Love 2 parece ser el más amable y radiable de todos.

Holter, así, nos muestra en música el proceso de una idea que nace inconscientemente, que se repite y que va desarrollándose. Se asemeja, creo yo, a cuando uno se repite a sí mismo palabras de aliento cuando vamos a enfrentar una dura prueba. Después, notamos elevándose en tono de intención todo el concepto del álbum doble: la resistencia ante un mundo moderno repleto de complejidades que cada vez nos destruyen con más facilidad.

El mundo moderno como un gran aviario, en donde, tomando las metáforas presentes en un cuento de la autora Etel Adnan, (“me encuentro en un aviario lleno de pájaros chillantes”), escuchamos los graznidos de millones de aves y ya no podemos entender nada; ya no podemos escuchar ni nuestra propia voz.

A ello parece obedecer la intención de Holter de rodear su voz de instantes de caos, una estrategia muy presente en la intimidante obra. La voluntad crece en medio de la miasma de cacofonías, con una majestad que debe apreciarse como intencionalidad de la artista, momentos que nos piden ser escuchados con audífonos para captar la fuerza del discurso.

Ahora las palabras, el “debo amar”, repetido como un coro para ir a la guerra, forman una columna que se yergue contra los elementos que la azotan y las voces de niños transforman en himno la idea que primero estaba sólo en un individuo; ahora es la voz de Holter inmersa en la otredad, repitiéndose como una forma de superviviencia ante el sinsentido de la época:

Debo amar.

Y es tan simple el mensaje: cómo enfrentar y salir avante de ese amasijo de sonidos que invaden la canción en la segunda parte. Los coros infantiles ahora son las voces protectoras de la colectividad, como un talismán que guía hacia una conclusión épica, uno de los instantes más alentadores de una obra hermética y poco optimista, en realidad.

Holter trabaja así una idea musical desde el nacimiento: la incepción de la simple consigna que repetirá y pondrá a prueba cuando el caos comience a reinar, mientras todo el sinsentido gira alrededor de ella, como si estuviera encerrada en esa jaula metafórica por la que tituló a su disco Aviary.

Escucha aquí I Shall Love 2.

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