Tónico Sónico / El diario de viajes de Mark Kozelek

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“Escucho el sonido del carro de mi novia / bajar por la carretera y llena mi corazón de alegría / Aunque sé que se acabará alguna vez / y alguien más dormirá en mi casa de montaña”

Sun Kil Moon/Garden of Lavender

Jesús Serrano Aldape

¿Qué tienen en común la muerte de una zarigüeya, un viaje a Suiza para filmar una película con el director Paolo Sorrentino, una crisis de la medianía de edad y una estación para cargar gasolina en donde está un indio que vive su primer día de trabajo? Son unas cuantas de las incógnitas que desvela poco a poco Mark Kozelek (Ohio, 1967), en el álbum de su banda, Sun Kil Moon, intitulado Universal Themes (2015).

Cualquier maestro de literatura lo dirá, este arte sólo tiene un puñado de temáticas sobre las cuales escribir y cómo las aborde el autor es lo que importa. Al final la forma que elige Kozelek es llevar sus delirios literarios plagados de anécdotas,  bromas muy locales y referencias a la cultura popular, a música que termina contando la historia con su propio instrumental. Como cuando al inicio del disco, Mark mata a una zarigüeya en su jardín y ese sencillo hecho desencadena una serie de confesiones íntimas del autor.

Kozelek es un personaje en todo el sentido del término: combustible, antipático, ególatra a morir (¿o cómo explicar su propensión a llenar una canción de 24 minutos con su voz, dramatizaciones o proyecciones interiores, como en el más reciente disco: I Also Want to Die in New Orleans?); pero de la misma forma es un autor cuya voz y sentimiento puede poner a llorar a un rudo trailero (¡comprobado!), porque este hombre habla desde el interior y su música, sus canciones, muchos las utilizan como un audiolibro ideal.

Portada del disco.

Y ese es el tema presente en la obra de Kozelek, el de un artista nómada cuya música refleja sus experiencias diarias, sus viajes, pero su forma de hacerlo es por demás interesante. Porque es como si la literatura se fusionara con la música en una forma en que ninguna de estas grandes artes le pide nada a la otra; en la forma de expresión de Kozelek encuentran hogar ambas. Es decir, la poesía del artista brilla por sí misma, al igual que su utilización inteligente de la música.

Así, es como si su relato oral (casi siempre en primera persona), fuera una llave para entender los pasajes musicales a los que nos somete, muchas veces sorprendiéndonos, captando el estado anímico de las situaciones que describen las palabras; una simbiosis por demás interesante. Unas veces utiliza un fraseo que lo vuelve muy casual y fácil a nuestro oído, y en otras recurre a una recitación hermosa que nos puede estrujar el alma (en serio). Es como el arte de la escritura al servicio de la contemplación e introspección musical, favoreciendo en el proceso a ambas expresiones.

Por ello sus discos son kilométricos en un sentido temporal, pero el escucha puede con ellos porque la forma de contar y desarrollar los relatos se asemeja a la de un buen narrador, un buen cuentista que nos llega a tener en el puño de su mano y cuando nos suelta, lo sabe hacer, como un amigo que se despide después de una buena plática.

Así, es casi como si Kozelek utilizara el disco en turno como a un psicoanalista en que vierte todo lo que se le viene a la mente, una técnica muy presente en cada una de sus obras. Lo impresionante de Universal Themes (2015) es que esto no es un simple soliloquio, Kozelek es un maestro en describir la cotidianidad con un dejo de observador implacable de cada detalle, cinismo y humor.

Es también el ego notable de alguien que no para de hablar por minutos, de alguien a quien si no pretendemos prestarle atención a su historia irremediablemente nos va a hartar por grandilocuente. Pero su voz sabe cantar y tiene un talento musical bárbaro y como cronista sabe intrigarnos porque no siempre elige ese camino que esperamos.

Sus canciones parecen cinco en una, porque muchas veces su artífice elige que pasajes sonoros ilustren párrafos enteros escritos en su diario, casi como si atravesáramos un túnel y saliéramos de él para entrar a otra fase y así, en progresión, en suspenso, todo ello en armonía con el texto.

Casi como si en ocasiones los pasajes narrados por el artista fueran demasiado complicados como para pasarse a un lenguaje poético que respete rima, verso y métrica; como si el relato de su voz directa, hablada, fuera necesario para explicarnos de una forma más clara su narrativa.

La muerte de la zarigüeya

La música ocupa un lugar sólido en su expresión, como cuando tras matar a la zarigüeya en The Possum, del mencionado Universal Themes, la canción finaliza su ya larga disquisición sobre la vida y la muerte como si de un extraño réquiem al animal se tratase, una comunión interior de paz mental con el ser asesinado (algo tragicómico, como se puede ver).

En The Birds of Flims, Kozelek elabora una carta de repudio a Suiza, a donde viajó para filmar con el director italiano Paolo Sorrentino, pero en medio de música que demuestra su nostalgia por el hogar, en Ohio, Kozelek nos va descarapelando poco a poco otros temas e inquietudes, como si de una buena novela se tratase, una contada a través de la música.

Lo que termina llevando a un instante que yo considero ideal para apreciar el genio creador de Mark Kozelek. Uno de los momentos más entrañables de Universal Themes es Garden of Lavender/ Jardín de Lavanda, una canción que, al mejor estilo Kozelek, parece en realidad cuatro o cinco en una, en donde narra su regreso de un lugar que, nos dice, no puede recordar (pero sabemos que es Suiza, y eso es parte de su peculiar sentido del humor), sólo para encontrar su jardín descuidado.

El ver de nuevo el sitio amado dispara recuerdos en Mark, de la infancia, de cuando jugaba en su jardín de lavanda, y la música nos los hace vivos, un pasaje de perfecta simetría lírica y musical en que se mezclan varias líneas de tiempo:

Veo al gato naranja y gordo calentándose, / se gira sobre su espalda, buscando que le soben la panza / Veo la trampa para venados / y la nieve al final del sendero que lleva a mi jardín trasero / Escucho el sonido del carro de mi novia bajar por la carretera y llena mi corazón / de alegría.

Aunque sé que se acabará alguna vez / y alguien más dormirá en mi casa de montaña / Preguntándome quién vivió aquí antes / Como yo a veces hago / Aunque nunca me importó en realidad explorar.

Veo el gato de color chocolate y de jalea de cacahuate / Lo miro y él me devuelve la mirada, / trueno mis dedos y le mando un beso / Se rasca la cabeza contra mi mano y recordamos…

Camino hacia el centro del pueblo y veo las luces de navidad / en el sendero y cómo brillan / Y recuerdo cuando era un niño / Y la felicidad que sentí cuando abrí la caja y vi una guitarra dentro

Garden of Lavender es parte de varios instantes de la vida atribulada de una estrella de rock, que encuentra el tiempo para imaginar el pasado y encuentra sosiego en él, antes de volver a su rutina y a su inescapable abrasiva personalidad. Nos deja escapar al paisaje idílico, pero sabemos que estamos en una bruma que pronto va a desaparecer.

Narra sucesos, sin aparente conexión, tal como ocurren en la mente de una persona. Un recuerdo proyecta otra experiencia y tal y como sucede en el cerebro se van dibujando sensaciones, memoria personal, alegría, tristeza, añoranza, todo eso consigue la expresión artística de Kozelek.

Kozelek entiende el proceso, pero no deja que la música no tenga una razón para estar ahí, de hecho es como si la misma música nos fuera transmitiendo la atmósfera anímica del momento narrado, muchas veces de forma inolvidable, pero siempre regresando a su diario personal de viajes; volviendo de la contemplación a la vida muy real, en la que te quemas si quieres atravesar las flamas. Sólo una de las historias de su vida, una que tendrá un desenlace enigmático, donde todos los cabos sueltos por él, se atarán al final, como en el relato de un narrador con oficio.

Escucha aquí Garden of Lavender de Sun Kil Moon:

Y aquí todo el Universal Themes:

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