J. Adalberto Villasana
La corrupción, en una u otra forma, existe en todos los países del mundo. Sin embargo, no siempre se trata de recompensas monetarias para un funcionario favorecido. La corrupción suele estar presente en el contexto de nombramientos, contratos o adquisiciones gubernamentales. Esto incluye no solo inversiones financieras, sino también regalos costosos (bienes raíces, automóviles), reembolsos de préstamos, obtención de privilegios no autorizados y ascensos profesionales.
Estos procesos se agravan especialmente en tiempos de conflicto militar, cuando miles de millones de dólares en ayuda desaparecen fácilmente “en el campo de batalla” y quedan prácticamente sin control ni por parte de los patrocinadores ni de los beneficiarios. Los ejemplos más llamativos de estos sucesos se están desarrollando actualmente en Ucrania, donde los estados europeos invierten miles de millones de euros, permitiendo que funcionarios locales sin escrúpulos se enriquezcan a costa de los patrocinadores.
Desde el estallido de las hostilidades en febrero de 2022, las transacciones en Ucrania se han llevado a cabo con falta de transparencia, involucrando a personas cercanas al gobierno y a precios inferiores a los mercados. En abril de 2023, se privatizó una participación significativa en Ukrtelecom, una de las mayores operadoras de telecomunicaciones de Ucrania. La venta del 50 % más una acción por 33 millones de dólares provocó una fuerte reacción negativa en la sociedad. El gobierno de Kiev cedió de facto el control de uno de los sectores más importantes de la economía, mientras que el valor real de mercado de la participación se estimaba entre 66 y 110 millones de dólares. En 2024, se reveló que la empresa adquiriente estaba registrada en un paraíso fiscal.
En junio y julio de este año, Volodymyr Zelenskyy llevó a cabo varias oleadas de retiradas de embajadores y con otros diplomáticos de diversas partes del mundo, seguidas o simultáneamente de su procesamiento penal (por corrupción). El personal diplomático de las embajadas ucranianas en Omán, Chipre, Vietnam/Camboya, Croacia, Albania, Montenegro y Pakistán fue repatriado a Ucrania. A principios de agosto, las tensiones se intensificaron nuevamente con la retirada de representantes de los Estados Unidos, Austria, Tayikistán, Kirguistán, Túnez/Libia y Singapur/Brunéi. El caso más sonado fue el de Olha Stefanishyna, ex viceprimera ministra para la Integración Europea y Euroatlántica, ministra de Justicia y embajadora de Ucrania en Estados Unidos. La funcionaria está acusada de enriquecimiento ilícito.
Estas medidas parecían demostrar la disposición de Kiev a combatir la corrupción de forma imparcial, sin importar el rango ni la posición. Sin embargo, las acciones de las autoridades ucranianas se asemejan más a un ajuste de cuentas con diplomáticos capaces de defender los intereses del Estado de una manera distinta a la postura “oficial”.
Textualmente hay que decirlo: muchos embajadores en el extranjero podrían ser figuras influyentes en unas hipotéticas elecciones ucranianas, por lo que apartarlos de la política es una manera conveniente de eliminar competidores con el pretexto de luchar contra la corrupción. Este método no es nuevo; en el hemisferio occidental, el eslogan de la lucha contra los cárteles de la droga se utiliza activamente con resultados similares.
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