J. Adalberto Villasana

Subieron de precio todos los alimentos básicos, se carece de una política económica que esté a la altura de las circunstancias y las familias trabajadoras padecen los estragos.

El 70% de los mexicanos se ha visto muy afectado por el aumento de precios. El  76% de los hogares mexicanos ha tenido que buscar formas para obtener ingresos adicionales.

Así lo revela la encuesta del Centro de Opinión Pública de la UVM “Percepción sobre el panorama económico en México”, la cual, además apunta que el 93% de los mexicanos considera que ha visto afectada su capacidad de gasto.

Y el 54% de la población considera que el costo de vivir en México en el último año se ha incrementado mucho.

Para la clase trabajadora hace un año la tradicional guajolota de camino a la chamba, costaba 16 pesos, en la actualidad 21 pesos, una quesadilla sencilla pasó de 20 a 25 pesos.

Este 2022 se está caracterizando por ser un año marcado por un aumento de precios en productos y servicios a nivel mundial, resintiéndose en alimentos y energéticos.

La encuesta señala que, en el transcurso de este año, 76% de los mexicanos ha observado un gran aumento de precios, 20% ha notado un aumento de precios y únicamente 4% no ha percibido tal incremento. Además, 88% coincide en que este aumento de precios es mayor que en años anteriores.

Mientras que 80% de las mujeres ha notado el incremento de precios, solo 72% de los hombres lo ha percibido. Al considerar los resultados por región, en las regiones Centronorte (83%) y Centro (80%), es donde hay una mayor proporción de habitantes que ha notado el aumento en los precios de las cosas, que quienes residen en la región Sur (71%) y Noroeste (74%).

La población resiente que los productos con mayor aumento son la carne (83%), la tortilla (80%), el pan (70%), las frutas (68%), verduras (67%) y gasolinas (65%). Y en lo que respecta a los servicios, el gas se encuentra en primer lugar (80%), seguido de la luz (62%), el servicio de transporte (59%), agua (53%) y servicios de salud (47%).

Muestra de tal afectación son los cambios adoptados por las familias: en el último mes, 54% señala haber pospuesto o cancelado en 3 ocasiones o más, planes de esparcimiento; 51% ha pospuesto la misma cantidad de veces la compra de productos no indispensables; 47% señala haber comprado menos despensa de la que habitualmente suele comprar y 32% indica haber pospuesto 3 veces o más, en el último mes, la compra de productos de primera necesidad.

Textualmente hay que decirlo: Los hogares han postergado la adquisición de productos por insuficiencia de dinero (41%), en tanto, 20% señala que la causa fue que le dio prioridad a artículos más urgentes y, mismo porcentaje, prefirió ahorrar este recurso en lugar de gastarlo. Nos amarramos el cinturón porque se carece de una política que reactive la economía.

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