Enrique Escobedo
En los libros de consejos para un aprendiz de político es común encontrar la frase “es bueno tener cerca a los amigos, pero es mejor tener más cerca a los enemigos”. Se trata de una conseja que a muchos les gusta repetir sin analizar el contexto de la afirmación. Lo cual es fundamental ya que en ciertas circunstancias puede ser afortunada la recomendación, pero no en todos los casos. Le esencia de la frase se refiere a que al tener cerca a los enemigos es más fácil saber qué hacen y qué traman con el propósito de que no nos tomen por sorpresa. Sin embargo, también es posible espiarlos, comprar a sus colaboradores, mantener prudente distancia sin perderles la vista o simplemente marginarlos y hacerles ver que si se mueven más allá de ciertos límites, se atengan a las consecuencias. Además, a los enemigos políticos, con las tecnologías actuales, ya no es tan significativo darles algún cargo en el gabinete, ni tampoco designarlos embajadores o cónsules.
Por supuesto que en la vida política moderna es común que se nombre o designe a colaboradores de los enemigos políticos, incluso del mismo partido, en algunos cargos menores dentro del gabinete a fin de sumar fuerzas y tender conductos de comunicación. De ahí que la futura presidenta, Claudia Sheinbaum, seguramente nombrará a personajes identificados con Marcelo Ebrard, Adán Augusto López y Ricardo Monreal. Una derivación de la conseja arriba descrita. Más aún, ella ya anunció que más adelante invitará al abogado Martí Batres, quien fuera secretario de Gobierno y su sucesor en el gobierno capitalino. Lo cual nos abre las puertas de la especulación, ya que, a decir de la prensa, él llegó a la Administración pública capitalina por indicaciones del presidente López Obrador a fin de realinear la gestión y fortalecer la imagen de la científica después de que Morena sufrió un serio descalabro en las elecciones intermedias de 2021.
Martí Batres llegó a la secretaría de Gobierno de la Ciudad de México a enmendar el cuestionado desempeño de Claudia Sheinbaum y, en efecto, se dedicó a fortalecer a Morena y de ahí que fue el sucesor de ella y ganar la elección capitalina. La cual, por cierto, estuvo desaseada.
Cuando Claudia Sheinbaum, semana a semana, anunciaba algunos nombramientos de su gabinete, llegué a leer en la prensa que posiblemente tarde o temprano se designaría a Martí Batres, pues él, por instrucciones presidenciales fue quien la apoyó políticamente, pero que sus personalidades colisionan en algunos temas. Lo cual no me consta. El caso es que el pasado nueve de agosto ella ya anunció que Batres Guadarrama se incorporará a su equipo de gobierno. Léase, se trata de una negociación en la cual están involucrados el presidente saliente, Claudia Sheinbaum, Clara Brugada y probablemente la auditoría capitalina. En otras palabras, el anuncio es, por un lado, una bocanada de oxigeno al actual responsable del gobierno capitalino y, por el otro, un posible reacomodo de las fuerzas morenistas en la ciudad de México.
Por supuesto que Claudia Sheinbaum y Martí Batres no son enemigos políticos y seguramente tiene comunicación frecuente. Él tiene que dejar incólume la labor realizada por ella cuando estuvo al frente de gobierno capitalino y eso, en política, es recompensado. De ahí que tenerlo cerca en el gabinete puede deberse a cuatro posibilidades. La primera es un reconocimiento a la labor realizada por él, la segunda es una recomendación presidencial, la tercera es un pago de factura y la cuarta a la conveniencia de tener cerca a alguien que potencialmente pueda ser un enemigo político. El tiempo nos lo dirá.














