Bernardo López
Es tan complicado idear un plan mundial para destruir las 475 millones de toneladas de plástico que se producen y se desechan anualmente, para terminar en ríos y océanos. Al parecer los representantes de las naciones no lograron un acuerdo sobre el destino de este material, que en la mayoría de las ocasiones es de un sólo uso.
De toda esa cantidad de plástico que se produce, únicamente se recicla el nueve por ciento, además se prevé que los desechos de ese tipo de material se triplicará para el 2060, mientras que los costos por daños y la contaminación que produce (desde 2016 a 2040) se estima en 281 millones de millones (billones en español).
La última reunión acerca del Tratado sobre la Contaminación del Plástico, que se realizó en Ginebra, Suiza, entre el 5 y 14 de agosto, desafortunadamente en las seis rondas de discusiones no llegaron a un consenso, pues existe una división entre 100 naciones que clamaron por disminuir la producción, mientras que los Estados productores de petróleo se decantaron por incentivar el reciclaje.
La importancia de asignarles un tratamiento es por las toxinas que contienen, pues ya están presentes en suelos, ríos, aire y órganos del cuerpo de los humanos ¿Habría de preguntarnos si también en las entrañas de los demás animales?
Se esperaba que se llegara a un acuerdo desde el año pasado, sin embargo las economías que viven de este producto intentan anticiparse. Representantes de Rusia, Arabia Saudita y Estados Unidos se pronunciaron por mejorar la infraestructura del reciclaje, pues dicen que los plásticos son fundamentales para la “vida moderna”.
Lo ideal sería que el plástico se incinerara para transformarlo en calor y convertirlo en electricidad. La tecnología ya ha sido desarrollada con éxito y sería la mejor solución para darle un segundo uso al plástico.
La incineración fue estigmatizada porque generaba dioxinas y furanos. “Pero hemos visto que esas emisiones se redujeron en Europa, Estados Unidos y Japón gracias a los avances tecnológicos”, explicó en una publicación de Fundación UNAM el investigador Javier Aguillón Martínez.
Agregó que las plantas incineradoras son una opción viable tanto desde el punto vista energético como ambiental, pues funcionan bien.
Con la reforma al Acta sobre el Aire Limpio, Estados Unidos podría dar un cambio de rumbo respecto al destino del plástico. El proceso modificará la definición del dióxido de carbono para retirarle la condición de “gas contaminante” -tema que hemos abordado en anteriores entregas, cuando hablamos del ciclo del carbono y sus beneficios para la vida.













