Ricardo Burgos Orozco

Como reportero me tocó cubrir infinidad de marchas en diferentes puntos de la Ciudad de México y con diversos objetivos y con actores disímbolos. Recuerdo a una gran amiga mía, también reportera en su momento, que trabajo en El Sol de México, Abigail Cervantes Cantero, ya fallecida, una mujer muy inteligente y un excelente ser humano; yo le decía que era defensora de causas perdidas.

Una ocasión le tocó informar para su medio sobre una marcha de colonos en Iztapalapa, pero se involucró tanto en el problema que terminó en la cárcel durante 24 horas porque pensaron que era una de las manifestantes.

Las marchas más importantes en la historia de la Ciudad de México y en otros estados del país han sido la del 2 de octubre de 1968, 10 de junio de 1971 – el famoso halconazo –, seis grandes marchas contra la inseguridad, de acuerdo a El Universal, en 1997, 2004, 2008, 2011, 2014 y 2020. El 8 de marzo de 2020 hubo una manifestación contra la violencia de género. También ha habido marchas contra los derechos reproductivos y el asesinato de periodistas.

El número de manifestaciones en la capital de la república y en otros estados ha sido infinito y seguramente habrá muchas más conforme pase el tiempo. Yo recuerdo aquella marcha del ahora presidente Andrés Manuel López Obrador en 2006 porque alegaba que le habían hecho fraude con las elecciones de aquel entonces cuando ganó Felipe Calderón Hinojosa por un reducido margen de votos. Cómo no recordar el caos que provocó el tabasqueño porque él y sus seguidores tomaron durante seis meses Paseo de la Reforma –la avenida más importante del país –, lo que hizo quebrar a miles de comerciantes de la zona y todavía el hombre de Macuspana se atrevió a decir que su movimiento había sido muy en paz y sin romper un solo vidrio.

A fuerza de ser sinceros, han sido pocas la marchas que han trascendido más allá del impacto mediático del día, el objetivo y el número de participantes.
Este domingo 18 de febrero hubo una nueva convocatoria para una marcha que llamaron por la democracia. El único orador fue Lorenzo Córdova, expresidente del Instituto Nacional Electoral y ahora acérrimo opositor al presidente López Obrador y a sus políticas de gobierno. El diario El País señaló que la manifestación fue por la exigencia de unas elecciones limpias.

Los organizadores afirmaron durante toda la semana que era una marcha apartidista, sin colores, más que de la llamada Marea Rosa. Sin embargo, ahí estuvieron los oportunistas de Marko Cortes, dirigente del PAN; y Jesús Zambrano, del PRD. La candidata Xóchitl Gálvez no acudió por estar en veda electoral.

Las imágenes de los diarios y la televisión eran muy claras. El Zócalo estaba lleno. Dicen que ahí caben 200 mil personas, aunque según el partido que lo ocupa es la cantidad que se menciona porque cuando Morena y López Obrador lo atascaron el 18 de marzo del año pasado, Día de la Expropiación Petrólera, dijeron que en la plancha habían entrado un millón de personas.

Ahora bien, después de este impacto mediático de la marcha en los periódicos, redes sociales y la televisión, seguro no va a pasar nada más; ni está asegurado que la Coalición Fuerza y Corazón por México, del PRI, PAN y PRD, gane las elecciones del 2 de junio y tampoco que pierda. A lo mejor los manifestantes del domingo pasado quedaron satisfechos por el triunfo de la convocatoria o que hicieron enojar nuevamente a López Obrador, pero hasta ahí.