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Semillas / El otro espejo

Ivette Estrada 

En los espejos tradicionales se reflejan los rostros de quien los mira. En el arte se observan las almas. Una misma obra presenta distintas estampas y emociones, porque es una criba personalísima donde el observador determina qué o quién existe en una obra plástica, dice el artista mexicano Miguel Ángel Contreras. 

Así, si el dios Yum Kaaz le regaló las manchas al jaguar, al unísono determinó que sólo quien poseyera mente limpia y corazón abierto podría mirar en el felino la bóveda celesta, comenta quien pinta y esculpe sueños en vidrio, lienzos, bronces, láminas y fierro. En una obra donde presenta personajes sin tiempo como Don Quijote y Sor Juana Inés de la Cruz, también aparecen reminiscencias felices de El Principito o la cosmogonía prehispánica, donde captura el universo totonaco. 

Declarado feminista, asegura que no podría concebir a una mujer sin un halo de grandeza permanente por las tres grandes mujeres que tuvo en su vida: su abuela que le heredó la felicidad con un sabia precepto: “tienes todo sin ser dueño de nada”; su madre, que fue un ícono de belleza y su esposa, a quien nombra como Dulcinea de Tecamachalco. 

Su obra refleja una convicción de vida: todos somos capaces de hallar y expresar belleza. Y de manera contundente presenta Sor juanas, Cristos y Quijotes en piezas de tractocamiones, cristales, ruedas de fierro, fragmentos de lámitas.  

“El arte se hace con cualquier material existente”, dice quien posee en su jardín un muñeco de hojatata que carece de corazón “porque ese se lo entrego a quien me visita”, menciona y después hace sonar un cuenco tibetano para generar armonía que traspasa el sonido y lo enlaza a un mundo sin tiempo, donde no se escinde realidad ni fantasía, donde las leyendas de amor permean figuras del universo, máscaras prehispánicas, deidades y conceptos diversos. 

“Mi primer acercamiento con el arte fue a los tres años, cuando en Toluca descubría personajes insólitos en las nubes. Ahora sólo deseo que los niños de tres a 93 años de edad descubran su capacidad de crear y hacer de la belleza el lenguaje primordial, porque es universal e interpretarlo no requiere preparación previa o cursos exhaustivos de nada, sólo sentir”. 

_Y en el mundo de confinamiento, soledad y silencio que actualmente vivimos ¿para qué sirve el arte? 

_sin épocas ni acotamientos como el que mencionas, el arte sirve para ver el alma. Y encontrarnos con la psique que llaman los psicólogos, o zona de la imaginación y el pensamiento, como le digo yo, es para encontrar nuestra propia humanidad. 

Para Miguel Ángel Contreras la diferencia entre los demás animales y el hombre es que éste posee manos. “y las manos sirven para acariciar, moldear y hacer. Son utensilios de creación. El que nos maravillen las pinturas rupestres de Altamira, por ejemplo, es porque las generaron nuestros ancestros”. 

En este año, Miguel Ángel Contreras realizará una exposición pictórica con María Teresa Galván y Hugo Stilz para conmemorar los 450 años del natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz. 

 “Y crearé, siempre lo haré, porque el arte es la herramienta primigenia e infalible para rebelarnos contra el destino, para hallar la ruta cósmica y la magia del jaguar”. 

Miguel Ángel Contreras es el creador del otro espejo, en el que cada uno halla sus huellas y universo.